Las ojeras profundas se han convertido en uno de los inestetismos más combatidos en el mundo de la belleza. El maquillador Omar Turrini ha compartido su método para camuflarlas de forma eficaz, una rutina que combina corrección de color, texturas ligeras y una aplicación precisa para lograr un resultado natural.
El primer paso, según Turrini, consiste en identificar el tono de la ojera. No todas son iguales: las hay de matiz azulado, violáceo o marrón. Para neutralizar los tonos fríos, el experto recomienda aplicar una pequeña cantidad de corrector de color melocotón o naranja en la zona más oscura. Este paso es clave porque permite contrarrestar la pigmentación antes de aplicar el producto principal.
Una vez neutralizado el color, llega el turno del corrector de cobertura. Turrini aconseja elegir una fórmula cremosa y modulable, y aplicarla con la yema de los dedos o con una brocha de cerdas sintéticas. La clave está en no extender el producto hasta el párpado móvil, sino concentrarlo en la zona de la ojera y difuminar hacia el exterior con pequeños toques. Para las ojeras más profundas, el maquillador sugiere usar un corrector ligeramente más claro que el tono de la piel, pero siempre dentro de la misma gama, para evitar el efecto máscara.
El sellado es otro de los pasos fundamentales. Turrini recomienda fijar el corrector con una fina capa de polvo translúcido, aplicado con una brocha pequeña y precisa. Este gesto evita que el producto se acumule en las líneas de expresión y garantiza una mayor duración. Además, el experto insiste en la importancia de preparar la zona previamente con un contorno de ojos hidratante, ya que una piel bien nutrida permite que el maquillaje se asiente mejor y no se cuartee.
En cuanto a los productos, el maquillador menciona algunas categorías imprescindibles: correctores líquidos de alta cobertura, paletas de corrección de color y polvos finos de fijación. También recomienda evitar texturas demasiado secas o mates, que pueden acentuar las arrugas. Para un acabado más fresco, sugiere mezclar una gota de iluminador líquido con el corrector antes de aplicarlo, un truco que aporta luminosidad sin perder cobertura.
Turrini advierte de un error común: aplicar demasiado producto. Según él, es mejor construir la cobertura por capas finas que extender una gran cantidad de una sola vez. Este método permite controlar la intensidad y evita que el maquillaje se agriete. Asimismo, recomienda difuminar bien los bordes con una esponja húmeda para integrar el corrector con el resto del rostro.
Para las ojeras más rebeldes, el maquillador propone una técnica adicional: utilizar un corrector en tono salmón si la ojera tiene un matiz muy azulado, y sellar únicamente la zona central con una pizca de polvo. El resto se puede dejar sin fijar para mantener un aspecto más natural. Esta combinación, explica, funciona especialmente bien en pieles maduras o con tendencia a la sequedad.
El experto también hace hincapié en la importancia de la luz a la hora de maquillarse. Recomienda aplicar el corrector con luz natural o con una lámpara de tono cálido, ya que una iluminación incorrecta puede llevar a exagerar la cantidad de producto. Del mismo modo, sugiere revisar el resultado final con un espejo de aumento para asegurarse de que no quedan grumos ni líneas marcadas.
Además de la rutina de maquillaje, Turrini recuerda que el descanso y la hidratación son factores determinantes en la apariencia de la ojera. Sin embargo, cuando el cansancio o la genética hacen acto de presencia, el maquillaje se convierte en un aliado indispensable. Con los pasos adecuados —corrección de color, cobertura modulable, sellado ligero y difuminado cuidadoso—, es posible disimular las ojeras profundas y lograr una mirada descansada y luminosa.
La propuesta de Turrini se suma a las tendencias de belleza que priorizan un acabado natural y personalizado, adaptado a las necesidades de cada piel. Lejos de las capas gruesas de antaño, el objetivo ahora es realzar la mirada sin que el maquillaje se note. Con estos consejos, cubrir las ojeras profundas deja de ser una misión imposible para convertirse en un gesto más de la rutina diaria.