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Los nuevos pobladores de la España vaciada chocan con la resistencia de vecinos y ayuntamientos

Quienes regresan a los pueblos para impulsar proyectos de repoblación se topan con obstáculos administrativos y recelos vecinales. El caso de Alberto Sánchez en Used (Zaragoza) se ha viralizado tras denunciar el ataque con herbicida a un nogal centenario.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OÜ.

Alberto Sánchez compró en 2017 una casa señorial sin electricidad de casi 300 años en Used, su pueblo natal de 250 habitantes al sur de Zaragoza. Dejó una carrera como arquitecto en Estados Unidos, puso en marcha proyectos para dinamizar la vida local y atrajo a nuevos vecinos a un municipio que había perdido el 38% de su población en tres décadas. Hoy, sin embargo, pocos le devuelven el saludo por la calle y lleva años enfrentado al Ayuntamiento.

Su malestar se hizo viral el 30 de agosto en Instagram. El vídeo de tres minutos en el que denunciaba su situación acumuló 45.000 comentarios. Nadie entendía por qué las autoridades de un pueblo tan pequeño y necesitado de población le ponían tantas trabas a sus iniciativas. No está solo: otros «salvadores» de la España vaciada sufren situaciones similares. Además de la falta de servicios básicos y de oferta laboral, quienes intentan repoblar el medio rural se enfrentan a la resistencia de vecinos y consistorios. Algunos ayuntamientos cercanos a Used reaccionan con actitudes que van desde poner pegas hasta mantenerse al margen o no ayudar a los recién llegados. Las personas mayores también se muestran reacias a los cambios, lo que alimenta un bucle que dificulta la materialización de los proyectos.

El detonante de la última disputa fue un nogal centenario en el jardín de Sánchez. El Ayuntamiento quería podarlo en favor de una farola. Tras negarse a cortar el árbol, inscrito en el Registro Público de Árboles Sobresalientes de Aragón, parte de la copa que da a la calle fue rociada con herbicida. Sánchez facilitó imágenes de la afectación y una analítica del Laboratorio Agroambiental del Gobierno de Aragón que acreditó el ataque químico. La Guardia Civil investiga los hechos. Al día siguiente de la publicación del vídeo, varios medios locales se hicieron eco, Televisión Española envió un equipo a Used y otros medios nacionales expusieron el drama. La noticia de TVE mostró a vecinos que se pusieron del lado del consistorio; uno llegó a proponer que se «arrancara» el árbol de raíz. El alcalde dijo que Sánchez lo estaba difamando a él y al pueblo, y que ya lo había denunciado tras las amenazas de muerte que había recibido.

Más allá del conflicto por el nogal, Used se ha beneficiado de la vuelta de Sánchez. Al menos cuatro personas se han mudado al pueblo después de ver su contenido en redes sociales, han comprado y rehabilitado seis viviendas que llevaban décadas abandonadas, y dos de ellas reabrieron la única tienda local. «En los pueblos pequeños muchas veces las filias y las fobias se heredan», explica Sánchez sobre la posible causa de la aversión que muchos le tienen. «Mi madre es del PSOE y fue la alcaldesa anterior durante 15 años. Como aquí ahora gobierna otro partido, de ahí supongo que pueda partir un poco esta postura hacia mí».

Además del asunto del árbol, Sánchez estuvo sin luz hasta principios de 2026 porque Endesa no podía instalar una cometida debido a que el Ayuntamiento anuló su licencia de obras. Según la documentación facilitada por Sánchez, tras rehabilitar la licencia el alcalde retomó la solicitud de poda del árbol. El Ayuntamiento de Used no respondió a la solicitud de comentarios formulada por este diario. Tampoco lo hizo el alcalde.

Resulta paradójico que, mientras las autoridades locales mantienen esta postura, el proyecto de Sánchez haya sido finalista de los Premios Princesa de Girona de Artes y Letras y obtuviera una beca Leonardo de la Fundación BBVA. Este caso puede parecer la típica rencilla vecinal en un pueblo pequeño y aislado, pero el trasfondo se repite en otras zonas que no ven con buenos ojos ciertas iniciativas de repoblación. Lo saben bien las «cuatro mujeres rurales» que han creado el proyecto La Devanadera en Torrijo de la Cañada (187 habitantes) para rehabilitar bodegas de vino patrimoniales. «En nuestro caso no hemos tenido una situación de confrontación tan fuerte como la de Used, pero nuestra relación es mínima con el Ayuntamiento de aquí», explica Yolanda Gimeno, una de las gestoras del proyecto que ha rehabilitado cinco bodegas y ha empleado a dos personas del pueblo. «Las autoridades no nos han facilitado el trabajo, que ya de por sí es muy difícil», añade.