Noruega llora a su rey. La capilla ardiente de Harald V, fallecido este viernes a los 89 años, ya está instalada en el Palacio Real de Oslo, donde los ciudadanos pueden acercarse para despedir al monarca que durante 35 años ha sido una de las figuras más queridas del país. En el exterior, un océano de flores, velas y mensajes personales recuerda a quien representó la continuidad de la monarquía noruega durante más de tres décadas.
Desde primera hora de la mañana, miles de noruegos recorren las calles de la capital con ramos en las manos en una procesión que no ha cesado durante todo el día. En la plaza del Palacio se aprecian olas de personas que suben y bajan de forma constante, casi siempre con flores. Una de las imágenes más emotivas es la de los niños: padres y madres les entregan sus ramos antes de llegar para que sean ellos quienes den los últimos pasos y los depositen frente al Palacio. Algunos llegan de la mano de sus padres, otros acompañados por hermanos, abuelos e incluso por las mascotas de la familia.
Mientras Noruega se despide de Harald, la Corona ya prepara el relevo. Su hijo, Haakon VIII, es el nuevo rey de los noruegos y este sábado se dirigirá por primera vez a la nación como monarca en un discurso televisado a las siete de la tarde. La Casa Real ha anunciado que el nuevo rey recordará a Harald y rendirá homenaje a su figura ante los ciudadanos. El momento clave llegará el próximo martes, cuando Haakon VIII acuda al Parlamento para jurar lealtad a la Constitución, el primer gran acto institucional del nuevo monarca que marcará oficialmente el comienzo de su reinado.
El presidente del Parlamento noruego, Masud Gharahkhani, ha dado las condolencias a Haakon VIII por la muerte de su padre en una audiencia celebrada en el Palacio Real. «Un capitán nos ha dejado. El pueblo noruego se une en el duelo por la pérdida de un rey que estuvo al timón durante 35 años», expresó Gharahkhani. A las condolencias se han sumado la presidenta del Tribunal Supremo, Toril Marie Øie, y el obispo presidente de la Iglesia de Noruega, Olav Fykse Tveit, para trasladar su pésame al nuevo monarca.
El funeral de Estado no tiene aún fecha fijada, pero el protocolo noruego establece que debe celebrarse entre diez y catorce días después del fallecimiento, lo que sitúa la ceremonia en la semana del 7 de septiembre. Tendrá lugar en la catedral de Oslo y contará con la presencia de representantes de otras casas reales, en el que será el gran homenaje internacional a Harald V. Tras la ceremonia, los restos del rey serán trasladados hasta la fortaleza de Akershus, construida en el siglo XIII y situada frente al mar, que alberga el mausoleo real y será el lugar donde Harald descanse junto a sus antepasados.
Harald V llegó al trono en 1991, tras la muerte de su padre, Olav V, y durante más de tres décadas se convirtió en una figura central de la vida pública noruega. Su reinado ha estado marcado por una imagen cercana y por su capacidad para representar la continuidad de la monarquía en un país donde la institución conserva un amplio respaldo. Ahora comienza una nueva etapa. Haakon VIII, de 53 años, asume la Corona junto a su hija, Ingrid Alexandra, de 22 años, que se convierte en princesa heredera. La Reina se llamará Reina Mette-Marit, según ha informado Haakon VIII al Gobierno noruego, y su sucesora recibe el título de Princesa Heredera Ingrid Alexandra. La Reina Sonia, madre del nuevo rey, conservará su título.
La institución afronta una etapa marcada por los escándalos familiares. El propio Haakon tuvo que defender ante la opinión pública su relación con Mette-Marit, con quien se casó en 2001; ella reconoció entonces un pasado vinculado a ambientes de drogas y excesos. Más recientemente, Mette-Marit tuvo que pedir disculpas por su relación con Jeffrey Epstein, y Marius Borg Høiby, su hijo de una relación anterior y sin título real, cumple arresto domiciliario tras ser condenado por dos delitos de violación. A todo ello se suma la salud de la nueva reina: Mette-Marit se sometió con éxito a un trasplante de pulmón en junio, después del empeoramiento de la fibrosis pulmonar que padece desde 2018. Así, la familia que Haakon defendió durante años se convierte ahora en uno de los principales desafíos de su reinado. Noruega despide a uno de sus reyes más queridos mientras comienza una nueva era: la Corona cambia de manos y Haakon VIII tiene por delante el reto de preservar la confianza en una institución golpeada por las controversias familiares.