La candidata número dos del Partido Popular en Madrid, Cayetana Álvarez de Toledo, ha cargado con dureza contra Pedro Sánchez en una entrevista en Espejo Público, con Susanna Griso. Preguntada por si el jefe del Ejecutivo está jugando con fuego, ha respondido que el presidente del Gobierno es «un pirómano». Además, ha advertido de que una remontada socialista en las elecciones sería «una bajada al infierno de España».
Según la dirigente popular, Sánchez no puede gobernar «por adhesión» ni «por la simpatía de los ciudadanos», por lo que, a su juicio, lo hace «por odio y por confrontación». En esa línea, sostiene que el presidente está alentando una estrategia guerracivilista. Como ejemplo, ha criticado que Sánchez utilizara el Guernica en un vídeo sin mencionar, según ella, a Leopoldo Calvo-Sotelo, presidente del Gobierno cuando la obra llegó a España en 1981. «El Guernica es un símbolo de los horrores de la guerra que Sánchez utiliza para confrontar de forma guerracivilista contra la otra mitad de España», ha afirmado.
Álvarez de Toledo ha añadido que Sánchez «invoca el amor, pero practica el odio y la división», y que, en su opinión, «solamente desde la división puede perpetuarse en el poder». Ha enumerado lo que considera sus estrategias: «Fraude, odio, miedo e incluso la violencia». Ante los datos que apuntan a un posible trasvase de votos del PP hacia Vox, ha sido especialmente contundente: «Una remontada de Sánchez sería una bajada al infierno de España, al infierno de la división y de la indecencia».
Para la candidata, estas elecciones no se limitan a la confrontación entre izquierda y derecha, sino que deciden «dónde fijamos el listón moral de la vida pública». Ha defendido que los últimos años han supuesto «una indecencia radical y profunda» que ha «pulverizado la moral pública más elemental», y ha resumido: «Cloacas, joyas, putas, saunas, enchufes, mordidas, narcos, mafias. Ese es el resumen».
Sobre la estrategia de su partido, ha sostenido que Sánchez sabe que no puede ganar y que, por ello, «él quiere que pierda el PP. Es decir, él quiere que suba Vox para que baje el PP». Según ha dicho, el presidente espera que la división en la derecha le permita conservar el poder o, al menos, provocar un empate que le permita «mantenerse putrefactamente en la oposición, torpedeando el gobierno que viene». Por ello, ha pedido «un PP muy ancho y muy fuerte» y una mayoría sólida para «recuperar la decencia, la democracia y también la esperanza en España».
Preguntada por los disturbios ocurridos en Barcelona, con imágenes de enfrentamientos, destrozos y saqueos, Álvarez de Toledo ha afirmado que «esto es el resultado de una política». También ha querido «dar mi apoyo absoluto a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado». Ha denunciado además una supuesta falta de medios y apoyo y ha sostenido que España lleva años viviendo una estrategia de «deslegitimación o debilitamiento del Estado» y de «legitimación de la impunidad y de la violencia». En ese contexto, ha vinculado la situación con Sánchez, a quien ha acusado de haber levantado «un muro contra la otra mitad de España» y de criminalizar a la oposición.
La dirigente también ha acusado al presidente de legitimar la violencia «en dos frentes», al legalizar, permitir o pactar con Bildu, y de blanquearlo. Según ella, era «cuestión de tiempo que los violentos se tomaran la calle por su mano». Recordando su etapa como diputada por Barcelona, ha señalado que hubo «muchísima violencia en la calle» y ha acusado a Sánchez de haber amnistiado a quienes «incendiaron las calles» y de indultar a quienes «promovieron la destrucción de nuestras ciudades».
Frente a ese escenario, ha lanzado un mensaje de tranquilidad y ha reivindicado el liderazgo de Alberto Núñez Feijóo: «Con Alberto Núñez Feijóo al frente, España va a tener un Estado que garantice el orden y la libertad». Ha sostenido que «no hay libertad sin orden y no hay orden sin autoridad», y ha respondido a quienes tildan de «fascista» a la autoridad afirmando que esta garantiza las libertades públicas y, en este caso concreto, «la libertad de los vecinos de Barcelona de salir a la calle en paz».