La Policía Nacional ha trasladado este sábado a decenas de menores migrantes desde el asentamiento de la playa del Trampolín, en Ceuta, hasta un centro de acogida, en un nuevo operativo de identificación destinado a parte de los niños que llevan casi dos meses viviendo en la calle. Sin embargo, muchos de los que acudieron al lugar se quedaron fuera y no pudieron subir al autobús que los llevaría a la Jefatura Superior de Policía.
El dispositivo se organizó después de que corriera la voz entre los adolescentes de que se iba a filiar a un grupo de menores. Decenas de ellos se concentraron en la playa, sentados y atentos a las órdenes de los agentes que custodiaban la zona. Un autobús de línea local se acercó al primer grupo y arrancó repleto de chavales sonrientes, que aplaudían y celebraban que, por fin, iban a dormir bajo un techo. Tras sus ventanas, los niños saludaban convencidos de que iban a ser protegidos por el Estado como exige la ley.
Pero no todos corrieron la misma suerte. Quienes vieron partir el vehículo esperaron unos veinte minutos en la misma posición hasta que los agentes deshicieron el cordón policial y los furgones desaparecieron sin que nadie les explicara nada. Muchos asumieron que tampoco ese día dormirían bajo un techo. «Estoy muy cansado de estar en la calle. Es muy difícil y a veces hay problemas con los mayores», relataba Hasim, de 17 años, mientras regresaba cabizbajo por el mismo paseo por el que había llegado. Era la tercera vez que acudía a un operativo de identificación y la tercera vez que no lo conseguía. «Mañana estaré aquí otra vez a las 7 de la mañana», añadía.
La situación se complica porque los operativos no se repiten en el mismo lugar dos días seguidos y se van cambiando sin avisar. La Policía busca evitar que se concentren miles de menores desesperados que acuden cada día allí donde alguien les dice que están filiando a chavales. Sin embargo, el sistema genera un clima de constante alerta entre cientos de niños y adolescentes, algunos de ellos de menos de 15 años, que temen ser engañados y acabar deportados a Marruecos.
Además de quienes no lograron entrar en el autobús, algunos de los que sí fueron trasladados no fueron finalmente aceptados a su llegada a la Jefatura Superior de Ceuta. Los mayores de 16 años no fueron filiados, ya que la Policía, en coordinación con la Ciudad Autónoma de Ceuta, aún se está centrando en los más pequeños. «¿Qué pasa con nosotros? Yo tengo 16, tengo los pies llenos de heridas, se me están infectando, estoy solo y estoy muy cansado», se quejaba Adam. «¿Nosotros no tenemos derecho? También somos menores», protestaba.
Según los últimos datos facilitados por el Gobierno, en las calles de Ceuta aún quedan entre 500 y 700 menores sin proteger, frente a los 2.300 ya filiados. El ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, insistió en que la ciudad de Ceuta «no es un convidado de piedra», ya que tiene la tutela del menor y es precisa su voluntad expresa para que estos vayan al resto del territorio español. «El Gobierno de España lo ha dicho con claridad: 2.000 menores que hay en Ceuta en estos momentos, más los que quedan por las calles, hacinan a la ciudad de Ceuta y hacen que esos menores no estén en las mejores condiciones», declaró Torres.
La situación de los menores no acompañados en Ceuta se prolonga desde hace casi dos meses, cuando se produjo una entrada masiva de personas a través de la frontera. Desde entonces, cientos de niños y adolescentes sobreviven en las calles de la ciudad autónoma a la espera de ser identificados y trasladados a centros de acogida, mientras las autoridades locales y el Gobierno central mantienen un pulso sobre la gestión de su tutela y su distribución por el resto de España.