Un antiguo palacio privado en lo alto de una colina de Ras Al Khaimah, Emiratos Árabes Unidos, vuelve a recibir visitantes tras décadas prácticamente vacío. Se trata del Al Qasimi Palace, también llamado Al Qasr Al Ghamedh, un edificio que durante años cargó con la fama de palacio embrujado a causa de las historias de fantasmas que se extendieron sobre él.
La construcción fue encargada por el difunto jeque Abdulaziz bin Humaid Al Qasimi, que lo concibió como una gran residencia privada. Las obras comenzaron en 1975 y se prolongaron durante varios años hasta su finalización. Sin embargo, el edificio apenas tuvo ocupantes durante unos 35 años, un vacío prolongado que alimentó los relatos sobrenaturales y terminó dándole su apodo.
Esa larga etapa de abandono quedó atrás en 2019, cuando el palacio fue adquirido y restaurado. Desde entonces está abierto a los visitantes, que pueden recorrer sus 35 habitaciones. Los espacios conservan mobiliario ornamentado, esculturas, antigüedades, lámparas de araña y obras de arte, y en muchos casos se han mantenido los murales de azulejos originales y las pinturas que los decoraban.
La restauración no se limitó a conservar lo existente. Las piezas que presentaban daños fueron reparadas para devolverlas a su aspecto original, de modo que el recorrido refleja el gusto decorativo con el que se concibió el edificio. Esa continuidad entre la obra inicial y el estado actual es uno de los aspectos que más destacan quienes lo visitan.
Entre los espacios del palacio sobresale una pirámide de cristal decorada con pinturas de los doce signos del zodiaco. Se trata del elemento más singular del conjunto y el que mejor resume la mezcla de arte, simbolismo y lujo que caracteriza a la residencia. Su presencia convierte la visita en algo más que un paseo por salones antiguos, pues obliga a detenerse en un detalle poco habitual en la arquitectura de la región.
La combinación de una historia marcada por el abandono y una recuperación que devuelve al edificio su esplendor explica el interés que despierta entre quienes llegan a Ras Al Khaimah. Para el público, el palacio ofrece un recorrido por la arquitectura y el arte vinculados a la familia gobernante de este emirato, en un lugar que pasó de ser una residencia cerrada y envuelta en rumores a un espacio abierto para conocer su historia.