El Festival de Cine de Venecia rendirá homenaje a Tinto Brass con el Premio Pietro Bianchi, un galardón que reconoce la trayectoria del cineasta italiano en un momento en que el erotismo brilla por su ausencia en la gran pantalla. El reconocimiento, anunciado para la próxima edición del certamen del Lido, llega cuando la industria cinematográfica atraviesa un intenso debate sobre la representación de las mujeres y el tratamiento de la sexualidad en el cine contemporáneo.
Brass, conocido por títulos como «Caliígula» o «Così fan tutte», construyó una filmografía marcada por una mirada provocadora y transgresora del deseo y del cuerpo femenino. Su estilo visual, caracterizado por encuadres audaces y una estética barroca, lo convirtió en una figura central del cine erótico europeo desde los años setenta. El premio, que lleva el nombre del crítico y periodista italiano Pietro Bianchi, se suma a una larga lista de distinciones que el director veneciano ha recibido a lo largo de su carrera.
La decisión del jurado se produce en un contexto de transformación profunda del lenguaje audiovisual. Las plataformas de streaming han impuesto nuevos códigos narrativos, y el erotismo, que durante décadas fue un género con entidad propia, ha quedado relegado a un segundo plano frente a otras fórmulas de entretenimiento. Al mismo tiempo, los movimientos sociales y las nuevas sensibilidades en torno al consentimiento y la mirada masculina han reconfigurado la manera en que se filma y se consume la sexualidad en pantalla.
El homenaje a Brass no está exento de polémica. Su obra ha sido objeto de lecturas enfrentadas: mientras unos la reivindican como una exploración libre del deseo y de la autonomía femenina, otros la consideran heredera de una tradición que cosifica el cuerpo de la mujer. La propia evolución del cineasta, que en sus últimas películas adoptó un tono más lúdico y autorreflexivo, refleja las tensiones de un género que ha tenido que reinventarse para sobrevivir.
La elección de Venecia como escenario del reconocimiento no es casual. El festival, uno de los más antiguos y prestigiosos del mundo, ha sido tradicionalmente un espacio de debate sobre las fronteras del lenguaje cinematográfico. En los últimos años, la Mostra ha programado películas que cuestionan los estereotipos de género y ha impulsado la presencia de directoras en su sección oficial, en un intento por equilibrar una industria históricamente dominada por hombres.
El Premio Pietro Bianchi, que se entregará durante la próxima edición del certamen, servirá también para abrir una reflexión sobre el lugar del erotismo en el cine actual. La pregunta que sobrevuela el Lido es si la desaparición del género responde a una evolución natural de los gustos del público o a una autocensura impuesta por los nuevos estándares de corrección. Brass, fiel a su estilo, ya ha avanzado que no piensa pedir disculpas por su obra.
El reconocimiento a su figura, en cualquier caso, confirma que el debate sobre la representación del deseo sigue plenamente vigente. Mientras las nuevas generaciones de cineastas buscan fórmulas para abordar la intimidad desde perspectivas más igualitarias, la obra de Brass permanece como un referente incómodo pero ineludible. Venecia, con su mezcla de glamour y reflexión crítica, se convierte así en el escenario perfecto para una conversación que trasciende lo cinematográfico y alcanza a la propia cultura contemporánea.