Wireva

Un bombero forestal denuncia las duras condiciones laborales tras la oleada de incendios

Ángel Malanda, peón forestal en Ávila, ha hecho viral una carta en la que pide comprensión para los profesionales que combaten el fuego y denuncia los bajos salarios, la inestabilidad laboral y la falta de medios. La carta refleja la situación de los bomberos forestales en plena campaña de incendios que ha arrasado 50.000 hectáreas en semanas.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OU.

La carta de un bombero forestal se ha convertido en un fenómeno en las redes sociales durante la peor oleada de incendios del verano en España. Ángel Malanda, peón forestal en el operativo de la Junta de Castilla y León, ha pedido paciencia y comprensión para los profesionales que trabajan en la extinción de los fuegos, mientras denuncia unas condiciones laborales que considera precarias y unos medios insuficientes para hacer frente a incendios de una magnitud sin precedentes.

En su escrito, Malanda explica que los bomberos trabajan a menudo en turnos de doce horas o más, con equipos que no siempre son los adecuados y en una lucha desesperada contra unos incendios que no dan tregua. «Si en algún momento nos tenemos que quedar quietos, no es porque no queramos trabajar, sino porque hemos recibido esa orden dentro de una estrategia más amplia», señala el bombero, que también denuncia el desconocimiento general sobre su labor y los insultos que algunos compañeros han recibido por parte de ciudadanos frustrados.

El bombero forestal, que es además delegado sindical de la CGT, relata cómo el fuego ha calcinado escenarios de su infancia en municipios como El Tiemblo y San Martín de Valdeiglesias, así como rutas de la Sierra de Gredos. «He perdido mi infancia, los paisajes de mis recuerdos», afirma. La implicación emocional, asegura, es indisoluble de su trabajo, y recuerda que dos compañeros de su unidad han perdido sus hogares en los incendios.

Las condiciones laborales de los bomberos forestales son el eje central de la reivindicación. Según los datos que aporta Malanda, los peones forestales de Castilla y León cobran alrededor de siete euros por hora, con pluses de riesgo que no alcanzan los dos euros la hora. Trabajan cuatro días a la semana en turnos de ocho horas, aunque durante la campaña de incendios las jornadas se alargan hasta altas horas de la madrugada. La inestabilidad contractual es otro de los problemas: una encuesta realizada por el propio Malanda entre sus compañeros helitransportados revela que solo el 28% cuenta con un contrato de doce meses, el 32% tiene un contrato fijo discontinuo y el 38% restante será despedido en octubre.

«No se trata solo de que queramos cobrar más, que también. Necesitamos urgentemente que mejoren el resto de condiciones», explica el bombero, que reclama más formación y mejores medios para hacer frente a unos incendios cada vez más virulentos. «Hoy luchamos contra hongos de fuego que no hemos visto nunca. A veces me digo que estoy en un videojuego, no soy capaz de asimilar lo que estoy viviendo», añade.

La oleada de incendios de este verano ha arrasado en apenas unas semanas 50.000 hectáreas en toda España, una cifra que supera con creces la media de los últimos años. Los equipos de extinción trabajan sin descanso en condiciones extremas, con temperaturas elevadas y vientos que dificultan las labores. Malanda insiste en que es «un milagro que no haya muerto nadie» y pide a la administración que no dé por sentado que el monte no volverá a arder. «Esto puede ocurrir de nuevo el próximo año, el próximo mes o el próximo día», advierte.

El bombero forestal critica además el escaso reconocimiento público de su labor. «Miro las fotos de los incendios y todo se centra en la UME. No les quito mérito, por supuesto, pero la Junta de Castilla y León también tiene que contar nuestros operativos, que salen de las aportaciones de los contribuyentes», señala. Por eso, pide que se publique información sobre los medios desplegados siempre que no comprometa la seguridad.

La carta de Malanda ha servido para visibilizar una realidad que los bomberos forestales llevan años denunciando: unos salarios bajos, una precariedad laboral crónica y una falta de inversión en medios que contrasta con la gravedad de los incendios. Mientras el fuego sigue avanzando, los profesionales que lo combaten reclaman el respeto y los recursos que merecen.