Uber, Waymo y Bolt se preparan para probar sus vehículos autónomos en Madrid en los próximos meses, en una carrera por introducir los robotaxis en España. Los expertos consultados coinciden en que la tecnología está lista, pero señalan a la legislación como el gran freno. Si la regulación no lo impide, creen que en uno o dos años podrían circular por autopistas y autovías.
Según explica Felipe Jiménez, subdirector de investigación del Instituto Universitario de Investigación del Automóvil (INSIA), el desarrollo de estos sistemas avanza con rapidez. España, sin embargo, llega tarde. Las compañías ya disponen de sistemas adaptados a sus regulaciones concretas, y en puntos de California o China operan de forma satisfactoria, con índices de siniestralidad muy por debajo de los registrados con conductores humanos. Fernando García, catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, resume la cuestión: «Se ha probado que son seguros y fiables, pero tienen que amoldarse a cada país».
Madrid ha sido elegida como zona de pruebas. Según las directrices de la Dirección General de Tráfico (DGT), el primer paso es el llamado mapeo. Uber probará en Hortaleza y Arturo Soria, mientras que Waymo lo hará en Alcobendas y Getafe. Con un conductor como responsable, los vehículos deben recorrer las zonas para digitalizarlas y crear un mapa inteligente que recoja cruces, rotondas y semáforos.
La fase posterior consiste en entrenar al sistema para afrontar situaciones más complejas, como objetos en mitad de la carretera o la presencia de ambulancias. Jiménez subraya que después hay que pulir el funcionamiento y ampliar progresivamente el llamado Operational Design Domain, es decir, el escenario de operación en el que puede desenvolverse el vehículo. Advierte de que, en esas situaciones difíciles, el coche podría bloquearse o no maniobrar correctamente.
Pese a estas cautelas, todos los expertos coinciden en que el sistema ya está desarrollado y podría entrar en funcionamiento en poco tiempo, siempre que la normativa lo permita. Javier Goikoetxea, consejero delegado de Next Mobility y profesor de Innovación y Transformación Digital, considera que Europa pone más énfasis en la regulación que en la innovación, lo que explica el retraso. Como ejemplo cita a Waymo, que acumula 750 millones de kilómetros de conducción autónoma. «¿Cuánto más se necesita para demostrar que es casi perfecto?», se pregunta.
Las cifras que maneja Goikoetxea apuntan en la misma dirección: por cada millón de kilómetros, un humano registra 1,7 accidentes y un vehículo autónomo 0,34, lo que, según sus cálculos, lo hace unas 400 veces más fiable. Jiménez reconoce que la normativa europea es estricta, tanto para lo bueno como para lo malo, y que obliga a las empresas a adoptar sistemas muy conservadores para poder circular. Esa exigencia, añade, supone un reto para quienes quieren desembarcar en el país.
Los expertos ven en la llegada de estas compañías una presión adicional para que Europa flexibilice o, al menos, pula su normativa. García considera que la Unión Europea empieza a darse cuenta del retraso en esta materia. Goikoetxea advierte de las consecuencias si el continente no reacciona: que otras compañías chinas o estadounidenses tomen la delantera, por lo que, a su juicio, hay que apostar también por la industria propia.
La seguridad es, para los expertos, la principal motivación para impulsar los robotaxis. García sostiene que el riesgo de accidentes podría reducirse mucho, ya que algunos estudios atribuyen el 90 % de los siniestros a un factor humano. Además, los registros de Waymo muestran una tasa de accidentes inferior a la de los conductores humanos en todos los kilómetros recorridos. Goikoetxea añade que una flota autónoma podría aprovechar mejor los vehículos, al poder funcionar sin interrupciones, algo que un conductor no puede hacer.
No obstante, el impacto social podría ser considerable en el sector del transporte, especialmente entre taxistas y conductores de VTC. Jiménez admite que podrían sustituirse algunos puestos de trabajo, un proceso que, según el texto, ya se está produciendo en San Francisco.