El aceite en el que se conserva el pescado enlatado no debe acabar en el fregadero. Así lo señala una recomendación práctica que circula entre quienes cuidan su cocina y su casa, y que busca evitar problemas que pueden salir caros con el tiempo.
El principal argumento es el efecto sobre las tuberías. Las grasas y los aceites, al enfriarse dentro del desagüe, se solidifican y se adhieren a las paredes de los conductos, formando depósitos que con el paso de las semanas reducen el paso del agua y pueden terminar provocando atascos. Por eso, el consejo es recoger el aceite con un recipiente y desecharlo en un lugar adecuado, en lugar de dejarlo correr por la pila.
Pero no es el único motivo para no tirarlo. El aceite de la lata, una vez usado, pierde buena parte de sus cualidades y no conviene reutilizarlo sin más en otras preparaciones. Lo que sí puede aprovecharse, según la recomendación, es el propio aceite como base de algunas elaboraciones sencillas, siempre que se conserve bien y se consuma en poco tiempo. Antes de hacerlo, conviene retirar cualquier resto del pescado y filtrarlo para eliminar los restos sólidos.
El consejo forma parte de un conjunto de hábitos domésticos que buscan reducir pequeños errores cotidianos con consecuencias en el mantenimiento de la casa. Dejar de verter grasas en el fregadero es una de las medidas más sencillas y, al mismo tiempo, de las que más ayudan a evitar averías en las instalaciones de desagüe.