Wireva

Adanía Shibli publica 'Engaño', una novela sobre la opresión israelí y el borrado de la identidad palestina

La escritora palestina Adanía Shibli regresa con 'Engaño', una novela que sigue a dos jóvenes víctimas de la ocupación israelí. En una entrevista, reflexiona sobre la literatura como herramienta para recuperar la humanidad arrebatada y denuncia el ataque sistemático contra la cultura y la educación palestinas.

La escritora palestina Adanía Shibli vuelve a las librerías con Engaño (Random House), una novela en la que aborda de nuevo la ocupación y subyugación israelí a través de dos jóvenes protagonistas. La autora sostiene que la literatura no es un instrumento de combate, sino una forma de contrarrestar los límites de una realidad imposible que ha arrasado con la dignidad y el sentido de sí misma de su pueblo. «Se trata de contrarrestar los límites de una realidad imposible, y permitirte imaginar tu vida de forma distinta», explica en una entrevista.

Shibli centra la historia en dos adolescentes porque, según afirma, son un grupo de edad al que los israelíes tienen «en el punto de mira». «Es un momento en el que uno todavía confía en el mundo. La gente tiene principios, ética. Hasta la adolescencia, estás protegido por tu familia y no sabes bien cómo funciona el mundo, pero a partir de la adolescencia empieza un periodo de transición. Te conviertes en un individuo y, ya sin la protección de tu familia, te encuentras con la opresión. Ahí pueden romper tus sueños y transformarte en un ser sometido y colonizado», relata. La novela muestra cómo estos personajes experimentan «esa especie de borrado de sí mismos».

La autora conoce de primera mano la vigilancia y la presión. Mientras escribía su anterior libro, Un detalle menor (Hoja de Lata), fue interrogada por los servicios secretos israelíes. Las autoridades no lograron detener su proceso de escritura, pero sí implantarle una sensación de estar constantemente vigilada, con la que asegura que es «muy difícil» vivir. Aquella novela, que seguía a una joven palestina apresada, violada y asesinada por una unidad militar israelí, le brindó otro inesperado capítulo en su trayectoria: la Feria de Frankfurt decidió cancelar en octubre de 2023 la entrega de un galardón por, según comunicaron, «la guerra iniciada por Hamás» días antes de la cita. Más de 600 escritores firmaron una carta en apoyo a Shibli, que asegura ahora que, comparado con lo que está ocurriendo en su país, aquello no fue «nada».

Para Shibli, la literatura siempre ha sido atacada, con escritores encarcelados y asesinados. «Este intento de borrarte conlleva un intento de borrar tu cultura. Está en el proceso de aniquilación. Los artistas palestinos forman parte del blanco de las autoridades israelíes», denuncia. La escritora cifra en un 85% los palestinos desplazados y asegura que miles de libros han sido robados y destruidos. Recuerda una conversación con un historiador que investiga el arte palestino robado por los militares, quien le contó que en 1948 el movimiento sionista robaba los pianos. «Robar un piano significa que alguien no tendrá jamás la oportunidad de tocarlo. Esto también es una forma de borrado», reflexiona.

La educación es otro de los blancos señalados por la autora. Shibli impartió clase en la universidad de Birzeit entre 2012 y 2018, donde sus alumnos llegaban constantemente tarde porque les habían arrestado. «Las autoridades israelíes no dejaban que vivieran tranquilamente, sino que siempre estaban bajo esa amenaza. Había redadas, pero es que ahora el nivel se ha cuadruplicado. Antes podía haber cuatro estudiantes arrestados, pero cuando volví el pasado mes de julio, había 18», afirma. Para ella, atacar la educación es una forma de aislar a la gente respecto a la narrativa que los opresores quieren imponerles. «Por eso se bombardean las universidades y escuelas de Gaza», añade.

En Engaño, Shibli prescinde de los nombres propios, algo que responde a cómo se está diluyendo la identidad del pueblo palestino. «Son ataques a la identidad personal. El objetivo es que uno deje de pensar que es una persona, un ser humano», sostiene. La autora menciona que los controles imitan las puertas giratorias usadas para movilizar al ganado en las granjas, y recuerda que el presidente israelí se ha referido a los palestinos como animales. «Está en eslóganes, en el trato, y ahora forma parte del discurso político general. Es una subyugación total. Se te quita la cultura, el deseo, el amor. En esencia es tratar a los palestinos como si fuesen monstruos», concluye.