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El MUREC dedica una exposición antológica a la pintora María Moreno

El Museo del Realismo Español Contemporáneo (MUREC) de Almería presenta la primera exposición antológica dedicada a María Moreno, figura clave de los Realistas de Madrid, que repasa su trayectoria desde los años 50 hasta el siglo XXI.

El Museo del Realismo Español Contemporáneo (MUREC) de Almería ha inaugurado la primera exposición antológica dedicada a María Moreno, una de las pintoras más discretas pero esenciales del grupo conocido como los Realistas de Madrid. La muestra, titulada «María Moreno. Hacia la esencia de la luz», ha sido producida por la Fundación de Arte Ibáñez Cosentino y recorre la trayectoria artística de la creadora madrileña, desde sus primeras obras hasta las elaboradas en su plena madurez, ya en los primeros años del siglo XXI.

María Moreno nació en Madrid en 1933. Durante la Guerra Civil, su familia se trasladó por algún tiempo a Valencia, donde la artista tuvo la oportunidad de estar en contacto con la libertad que dan el viento y la luz del mar. Al regresar a la capital, encontró una ciudad profundamente transformada por la posguerra, más triste y gris, lo que la llevó a una evasión espiritual y mental que volcó en la pintura, buscando esa luz que parecía haberse desvanecido. Este anhelo de luminosidad se convirtió en una constante en su obra.

La artista formó parte del núcleo de los Realistas de Madrid, un grupo de jóvenes que se conoció a mediados de los años 50 en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Junto a figuras como Antonio López, Esperanza Parada, Amalia Avia, Isabel Quintanilla, Julio López o Lucio Muñoz, compartieron una amistad que trascendió lo meramente artístico. «Los llamamos los realistas de Madrid, como si fueran solo un grupo de pintores, pero eran mucho más que eso. Eran muy buenos amigos», explicó Juan Manuel López Robles, director del MUREC y comisario de la exposición.

En un momento en que el expresionismo abstracto estadounidense de Pollock y Rothko, o el informalismo del grupo El Paso con Canogar, Saura o Millares, dominaban la escena artística, los Realistas de Madrid apostaron por un camino opuesto. «Fueron unos artistas que caminaron a contracorriente. En los años 50, todo lo que olía a figuración y a realismo era considerado cosa del pasado, algo como trasnochado que estaba fuera del tiempo y de la actualidad. Sin embargo, ellos apostaron firmemente por su pintura y el tiempo les dio la razón», señaló López Robles. Los espacios domésticos, los bodegones luminosos de flores y jardines, y el menaje más sencillo reflejado en sus lienzos contrastaban con la violencia de los trazos y el exceso de materia de los informalistas.

A pesar de la calidad de su trabajo, María Moreno mantuvo siempre un perfil bajo y expuso pocas veces de manera individual. Prefería participar en exposiciones colectivas junto a sus amigos y compañeros. «Hace una muestra individual en Madrid en la Galería Borne en 1966 y hace otras dos fuera de España, una en Alemania en 1973 y otra en 1990 en París, en la Galería Claude Bernard, que en ese momento era la más prestigiosa de Europa en cuanto a arte contemporáneo», detalló el comisario. Por ello, gran parte de su producción se encuentra en colecciones internacionales, sobre todo privadas, en países como Suiza, Alemania y el Reino Unido.

La relación de María Moreno con Antonio López, con quien compartió su vida, fue también una historia de admiración mutua. Se casaron a principios de los años 60 y disfrutaron de su luna de miel en Guardamar del Segura, en Alicante, donde dedicaron los días a pintar cada uno por su cuenta. Antonio López recordó en una conversación en la Fundación Juan March de Madrid cómo descubrió entonces a una artista «que me enamoró, tenía una gracia para pintar maravillosa. No me imaginé que tenía ese don tan extraordinario». Para López, su esposa trabajaba «con limpieza», como si no fuera profesional, en un sentido puro y sin contaminación.

La exposición del MUREC, que según su director era «una deuda que teníamos con ella y con el realismo español contemporáneo», permite apreciar la evolución de una pintora que dedicó toda su vida a la creación. «María es la única del grupo a la que aún se le había dedicado una antológica», subrayó López Robles, quien confesó haber disfrutado el proyecto con pasión porque tuvo la oportunidad de conocerla antes de que comenzara su enfermedad y pudo disfrutar de su conversación y de sus sabias palabras. La muestra ofrece un recorrido por una obra que, en palabras del comisario, «nos desnuda su biografía».

El reconocimiento a los Realistas de Madrid, y en particular a sus componentes femeninos como María Moreno, Amalia Avia o Isabel Quintanilla, ha sido un proceso gradual. Aunque su obra comenzó a circular por toda Europa a partir de los años 60 y 70, y fueron muy reconocidos fuera de España mucho antes que en su propio país, la valoración de su legado ha ido creciendo con el tiempo. La exposición antológica en Almería representa un paso importante para situar a María Moreno en el lugar que le corresponde dentro de la historia del arte español contemporáneo.

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