Los fondos cotizados apalancados se han convertido en uno de los productos estrella de Wall Street, pero su éxito esconde un mecanismo que puede jugar en contra del inversor minorista. Estos vehículos, que prometen duplicar o triplicar el movimiento diario de un índice, una acción o una materia prima, representaron el 31% de todos los nuevos ETF lanzados en Estados Unidos durante la primera mitad del año, frente al 22% de 2025. Solo en junio salieron al mercado 117, prácticamente la mitad de todos los fondos cotizados estrenados ese mes.
El volumen que mueven estos productos es desproporcionado en relación con su tamaño. Aunque apenas suponen alrededor del 2% de los activos totales de los ETF, generan entre el 15% y el 20% del volumen diario negociado en este mercado. Algunos han dejado de ser productos pequeños: el ProShares UltraPro QQQ, que busca triplicar cada día el comportamiento del Nasdaq 100, manejaba más de 38.000 millones de dólares a mediados de agosto, según la propia firma. Otro fondo que intenta duplicar diariamente el movimiento de Nvidia rondaba los 3.600 millones de dólares, mientras la industria sigue lanzando apuestas semejantes sobre tecnológicas, fabricantes de chips y compañías individuales.
La atracción se entiende con facilidad. Si Nvidia sube un 5% en una sesión, un ETF 2x intenta ganar aproximadamente un 10% y uno 3x buscaría acercarse al 15%. Después de años en los que comprar tecnología y dejar correr las ganancias ha funcionado extraordinariamente bien, duplicar o triplicar la apuesta puede parecer poco más que pisar el acelerador. Sin embargo, la propia industria advierte de que ahí empiezan los problemas. Direxion, una de las firmas estadounidenses especializadas en estos vehículos, explica que un ETF 2x proporciona también aproximadamente el 200% del riesgo y la volatilidad diaria, mientras uno 3x eleva ambos hasta alrededor del 300%.
El objetivo se reinicia cada jornada y la rentabilidad acumulada durante varias sesiones puede alejarse muchísimo del doble o triple que aparece en el nombre. La volatilidad puede conseguir incluso que el inversor acierte con la dirección final y termine con un resultado muy diferente del que esperaba. Direxion utiliza un periodo en el que su índice tecnológico de referencia ganó un 6,64%, mientras el ETF alcista 3x avanzó únicamente un 9,94%. Multiplicar simplemente la rentabilidad del índice por tres habría llevado la cuenta cerca del 20%. FINRA, la autoridad reguladora del sector financiero estadounidense, lleva años alertando del mismo mecanismo: estos fondos reajustan diariamente sus posiciones utilizando derivados y, cuando las subidas y bajadas se suceden, el efecto compuesto va alterando el resultado.
El caso del fondo de Leopold Aschenbrenner ilustra los riesgos extremos de esta estrategia. A sus 22 años, recién salido de OpenAI y sin apenas experiencia profesional invirtiendo, fundó Situational Awareness en julio de 2024. Su apuesta por los grandes cuellos de botella de la inteligencia artificial convirtió al fondo en uno de los fenómenos de Wall Street, con una rentabilidad superior al 1.500% desde su lanzamiento y decenas de miles de millones de dólares bajo gestión. En julio, sin embargo, todo cambió de golpe: el fondo perdió un 67% en un solo mes y terminó vendiendo la mayor parte de su cartera cotizada a Citadel. Solo SanDisk y Micron representaban el 56% de sus acciones estadounidenses a finales de junio, con posiciones de 5.700 y 5.600 millones de dólares respectivamente, y ambas se desplomaron cuando se giró la operación de la IA. SanDisk llegó a caer cerca de un 47% y Micron alrededor de un 29%.
Lo peor para los inversores vino después, cuando varias de aquellas compañías recuperaron buena parte del terreno perdido y Aschenbrenner ya había tenido que vender. Su tesis sobre la enorme necesidad de chips, memoria, energía y centros de datos seguía teniendo recorrido, pero el fondo había llegado a operar con un apalancamiento estimado de cuatro veces, de manera que por cada cuatro dólares invertidos aproximadamente tres procedían de dinero prestado. Una caída del 25% en una cartera apalancada cuatro veces puede consumir teóricamente todo el capital propio. Los bancos que financiaban la cartera empezaron a exigir más garantías, los margin calls obligaron al fondo a vender activos para devolver deuda y las ventas aumentaron la presión sobre las cotizaciones.
El mercado ya está empezando a enseñar la otra cara de la fiebre por el endeudamiento. Hasta el 23 de julio habían cerrado 73 ETF apalancados o inversos en Estados Unidos, más del triple de los 22 desaparecidos durante todo 2025. Algunos sencillamente no reunieron suficiente dinero, mientras otros sufrieron golpes tan fuertes en sus activos que dejaron de resultar viables. La Bolsa de Corea del Sur ha ido un paso más allá después de la montaña rusa vivida este verano alrededor de Samsung y SK Hynix: el país ha endurecido el acceso de los particulares a determinados ETF apalancados y exige formación y sesiones de negociación simulada antes de permitir operar con algunos de estos productos, después de que el desplome tecnológico dejara fuertes pérdidas entre los pequeños inversores.