Los ministros del Interior de la Unión Europea se reúnen por videoconferencia para analizar la crisis migratoria de Ceuta, en un encuentro con la participación del titular español, Fernando Grande-Marlaska. España acude a la cita en busca del respaldo comunitario en un momento en el que varios socios europeos han cuestionado la política migratoria del Gobierno, mientras la emergencia mantiene abierto un frente diplomático con Marruecos y un debate interno en el seno del Ejecutivo.
La reunión coincide con la versión ofrecida por Rabat, que asegura haber avisado con antelación a las autoridades españolas de que podía producirse una situación como la vivida la semana pasada. El Ministerio de Exteriores marroquí atribuye el incremento de las llegadas a la reciente interpretación del Tribunal Supremo sobre las devoluciones en caliente de quienes acceden a nado. Según Rabat, esa resolución pudo ser interpretada por miles de personas como una oportunidad para cruzar la frontera sin ser devueltas de forma inmediata.
Las autoridades marroquíes sostienen además que sus fuerzas de seguridad no pudieron contener a la multitud sin provocar consecuencias mayores y rechazan asumir en exclusiva la responsabilidad de lo ocurrido. Desde el Ministerio del Interior español, sin embargo, se insiste en que nunca se recibió un aviso que anticipara la magnitud de la entrada masiva. La ministra portavoz, Elma Saiz, afirmó que no se conocía la dimensión de la situación y la calificó como «una situación extraordinaria, excepcional».
El choque entre los ministerios de Interior y Defensa sobre el papel desempeñado por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) ha añadido tensión a la gestión de la crisis. La ministra de Defensa, Margarita Robles, defendió el trabajo de los servicios de inteligencia y evitó avivar la polémica: «Hacen su trabajo, hombres y mujeres, y no vamos a entrar en ningún debate».
La crisis también ha provocado movimientos dentro del Gobierno, que ha cesado a una responsable del Departamento de Seguridad Nacional después de que se difundiera la cifra de personas que habrían entrado en Ceuta durante la semana pasada. Además, la Audiencia Nacional ha solicitado un informe a la Policía Nacional para determinar si la llegada masiva pudo responder a una acción organizada o dirigida por algún grupo criminal. El Partido Popular, por su parte, sostiene que el Ejecutivo disponía de información suficiente para prever lo sucedido y le acusa de no haber actuado con la rapidez necesaria.
Mientras continúa el debate político y diplomático, Ceuta trata de recuperar la normalidad. Miles de migrantes permanecen todavía en la ciudad y la presión sobre los servicios de acogida sigue siendo elevada, especialmente en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). En distintos barrios se han registrado peleas y altercados en los últimos días, y algunos vecinos admiten sentir miedo y haber modificado sus rutinas. «Tenemos miedo, los ceutíes tenemos miedo», explica una residente, mientras otro denuncia que «ayer se liaron aquí con palos, cuchillos... no es normal». Ante esta situación, algunos residentes han organizado turnos de vigilancia en las zonas próximas a sus viviendas mientras esperan que la ciudad recupere la calma.
La presión asistencial, en todo caso, muestra signos de descenso. El Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA) ha informado de que el lunes se atendió a 305 personas, frente a las 463 de la jornada anterior, con 19 pacientes hospitalizados. Los datos reflejan una consolidación de la caída progresiva de la presión asistencial en el conjunto del Área Sanitaria de Ceuta, con la actividad desarrollándose sin incidencias relevantes.
El Ejecutivo afronta así una crisis de múltiples dimensiones: la emergencia humanitaria y de seguridad en la ciudad autónoma, la discrepancia interna sobre la información previa de los servicios de inteligencia y la necesidad de mantener una relación estable con Marruecos, socio clave en el control migratorio, al tiempo que trata de asegurarse el apoyo de sus socios europeos en un asunto que sigue generando profundas divisiones en la Unión.