El escritor peruano Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura en 2010, mantuvo con Madrid una relación que marcó su vida y su carrera. La capital española, a la que llegó en 1958 como un joven universitario becado, se convirtió con los años en su lugar de residencia y en el escenario donde confirmó su vocación literaria. «En Madrid nadie se siente extranjero», afirmó el autor, fallecido en Perú el 13 de abril de 2025 a los 89 años.
Su primer contacto con la ciudad se produjo gracias a la beca Javier Prado, que le permitió continuar su formación en la Universidad Complutense de Madrid, donde inició un doctorado en Filosofía y Letras. Lo que en principio iba a ser una etapa académica se convirtió en uno de los momentos más determinantes de su biografía. En aquel Madrid aún resonaba la huella de autores como Pío Baroja o Benito Pérez Galdós, y la intensa vida universitaria ofreció al joven escritor el ambiente ideal para comenzar a abrirse camino en el mundo de las letras.
Durante ese primer año ocurrió un episodio clave para la literatura en español. En el desaparecido bar Jute, situado en la esquina de las calles Doctor Castelo y Menéndez Pelayo, Vargas Llosa escribió la primera versión de «La ciudad y los perros», la novela que marcaría el comienzo de una trayectoria internacional. Fue precisamente en ese establecimiento donde tomó una de las decisiones más importantes de su vida: abandonar definitivamente la idea de ejercer como abogado para dedicarse por completo a la escritura. A partir de entonces, la literatura dejó de ser una aspiración para convertirse en su profesión.
Con el paso de los años, Madrid dejó de ser únicamente el lugar donde redactó sus primeros manuscritos. También se convirtió en el espacio desde el que contempló la transformación política, social y cultural de España. El propio autor señaló en distintas ocasiones que la capital simboliza, como pocas ciudades, la evolución hacia una sociedad más abierta y democrática. Después de vivir en París y Londres, eligió establecer su residencia en el entorno de la Puerta del Sol. Allí consolidó una rutina muy ligada a la ciudad, con paseos matinales por el Parque del Oeste hasta el Templo de Debod antes de comenzar su jornada de trabajo, un recorrido que, según explicó, le servía como fuente de inspiración.
La relación entre el escritor y Madrid también quedó reflejada en hitos institucionales. En 1993 obtuvo la nacionalidad española sin renunciar a la peruana, reforzando un vínculo que llevaba décadas construyéndose. Un año después ingresó en la Real Academia Española y recibió el Premio Miguel de Cervantes, considerado el mayor reconocimiento de las letras en español. Según la Real Academia Española y el Instituto Cervantes, su trayectoria contribuyó de forma decisiva a la proyección internacional del español y de la narrativa hispanoamericana. Estos logros consolidaron su posición como una de las voces más influyentes de la literatura contemporánea.
Más allá de los reconocimientos, Vargas Llosa mantuvo una estrecha relación con la vida cotidiana madrileña. Según recoge esMADRID, el portal oficial de turismo del Ayuntamiento, el escritor frecuentaba cafeterías, librerías y restaurantes del centro de la ciudad, espacios que consideraba parte esencial de la identidad madrileña. En distintas entrevistas también destacó que Madrid poseía una capacidad poco común para hacer sentir parte de la ciudad a quienes llegan desde otros países. Esa identificación mutua tuvo un nuevo reconocimiento en 2022, cuando recibió el título de Madrileño del Año, un galardón que puso en valor tanto su aportación cultural como su vinculación con la capital.
Su faceta periodística también estuvo ligada a los medios españoles. El País publicaba de forma habitual sus artículos de opinión, mientras que El Mundo distinguió su labor con el premio Columnistas en 2013. Aunque el antiguo bar Jute ya no existe, su recuerdo permanece vivo: en la confluencia de las calles Doctor Castelo y Menéndez Pelayo, una placa municipal recuerda el lugar donde comenzó a tomar forma una de las carreras literarias más importantes.
Ese pequeño rincón resume la estrecha relación del Nobel con Madrid. La ciudad acogió a un joven universitario llegado desde Perú y terminó siendo el escenario donde nació un escritor que alcanzaría el Premio Nobel de Literatura. Su muerte, ocurrida en Perú a los 89 años, cierra una vida integrada en el corazón de la capital, una ciudad que él definió con una frase que resume décadas de vínculo: «En Madrid nadie se siente extranjero».