Serbia todavía no ha impuesto visados a los ciudadanos rusos. A 11 de agosto de 2026, el Ministerio de Asuntos Exteriores serbio mantiene la regla por la que los titulares de pasaportes ordinarios de Rusia pueden permanecer hasta 30 días en el país sin visado. No existe una fecha oficial anunciada para poner fin a esa exención.
Lo que está cambiando es el marco político. Serbia busca avanzar hacia la Unión Europea y, con ello, debe reducir las diferencias entre su política nacional de visados y la de la UE. En un informe de la European Commission sobre el mecanismo de suspensión de visados, Rusia figuraba entre los países cuyos ciudadanos podían entrar sin visado en Serbia pese a estar sujetos a visado en la Unión.
Belgrado adoptó en noviembre de 2023 un plan para armonizar su régimen de visados con la política europea. Según la Comisión, el plan contemplaba que la adaptación respecto a los países sometidos a visado en la UE se produjera un año o seis meses antes de la adhesión de Serbia. Bruselas, sin embargo, reclamó avances más rápidos.
El caso de Montenegro muestra cómo una obligación de convergencia puede convertirse en una norma concreta. El 23 de julio de 2026, su Gobierno aprobó que desde el 1 de noviembre los ciudadanos de Rusia, Bielorrusia, China, Arabia Saudí y Türkiye necesitarán visado. Podgorica vinculó la medida a la alineación completa con la política de visados de la UE y al cumplimiento de un criterio de cierre del capítulo 24 de las negociaciones.
Serbia no ha dado ese paso. En abril, el ministro del Interior Ivica Dačić y el comisario europeo Magnus Brunner abordaron la gestión de fronteras y la armonización de la política de visados. El Gobierno serbio afirmó que seguirá acercando sus normas de asuntos internos a los estándares de la Unión.
Por eso, el debate no es si el visado ruso ya está decidido, sino cuánto tiempo puede mantenerse una excepción que cada vez encaja menos con el objetivo europeo de Serbia. El acceso sin visado sigue teniendo valor para el turismo, los negocios y los vínculos personales con Rusia, pero al mismo tiempo se ha convertido en una diferencia jurídica visible para Bruselas.
También está cambiando la manera de interpretar 2027. Responsables serbios han utilizado ese año como objetivo para completar reformas importantes necesarias para la adhesión a la UE. No lo han fijado como fecha de entrada en el espacio Schengen. Completar reformas, ingresar en la Unión y participar plenamente en Schengen son procesos relacionados, pero distintos.
Para los viajeros, la situación actual sigue siendo sencilla: hasta 30 días sin visado en Serbia. Cualquier modificación futura requerirá una decisión formal de Belgrado y una fecha de aplicación. Montenegro ya ha recorrido ese camino; Serbia todavía se encuentra en la fase en la que la presión de la integración europea se cruza con la voluntad de conservar margen propio.
La próxima transformación dependerá de si el Gobierno serbio decide acelerar la armonización antes de que la adhesión esté cerca. Si lo hace, Rusia será uno de los casos más visibles. Si no, el régimen de 30 días seguirá funcionando como un recordatorio de que la política exterior serbia aún intenta combinar dos direcciones: la integración europea y una relación especial con Moscú.