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Marco Rubio reúne a 66 países para abordar el supuesto terrorismo de extrema izquierda

El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, convocó una reunión con 66 países para discutir el presunto resurgimiento del terrorismo político de extrema izquierda, citando grupos como Antifa, las FARC y las Brigadas Rojas, mientras críticos señalan la omisión de violencia de extrema derecha y dictaduras aliadas de Washington.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OU.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ha organizado una reunión con representantes de 66 países de Europa, América y Asia para abordar lo que califica como un «resurgimiento internacional del terrorismo político de extrema izquierda». El encuentro, celebrado en Washington, busca según Rubio corregir un supuesto «punto ciego» en las doctrinas antiterroristas occidentales, que habrían ignorado durante décadas la violencia proveniente de la izquierda radical. España ha sido invitada y participa «a nivel de consejero de embajada», según fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Durante su intervención, Rubio afirmó que «durante demasiado tiempo, nuestra doctrina antiterrorista ha tenido un punto ciego en lo que respecta a la violencia extremista proveniente de la izquierda política». El secretario de Estado criticó lo que considera una tendencia a minimizar este tipo de violencia, señalando que «una bomba colocada por un grupo neonazi se veía como un acto de maldad atroz, mientras que una bomba colocada por un revolucionario marxista se percibía simplemente como un trágico exceso de idealismo». Rubio insistió en que «la violencia de izquierda no solo se justificaba; se trataba como algo sagrado, una categoría protegida en sí misma».

Para ilustrar su argumento, Rubio mencionó a grupos como los Tupamaros en Uruguay, las FARC y el ELN en Colombia, Sendero Luminoso en Perú, las Brigadas Rojas en Italia, la Fracción del Ejército Rojo en Alemania y la organización griega 17 de Noviembre. Sin embargo, no hizo referencia a los crímenes de Estado cometidos por dictaduras latinoamericanas que contaron con el respaldo de Estados Unidos, como las que operaron en Argentina, Chile o Brasil, ni a los regímenes fascistas europeos que también fueron apoyados por Washington, como la dictadura franquista en España, la de los coroneles en Grecia o el Estado Novo en Portugal. Tampoco mencionó el asalto al Capitolio de enero de 2021, perpetrado por partidarios de Donald Trump, ni los indultos que el presidente estadounidense concedió a los asaltantes tras regresar a la Casa Blanca.

Rubio advirtió que «hoy nos enfrentamos a una nueva ola de este viejo mal aquí, en Estados Unidos», y aseguró que «la proporción de ataques y complots terroristas de extrema izquierda ha alcanzado niveles no vistos en décadas». El secretario de Estado describió a la izquierda radical como un movimiento que «puede adoptar diversos lemas e ideologías, pueden llamarse a sí mismos anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas, anarquistas o marxistas», pero cuya «naturaleza fundamental es un resentimiento disfrazado con el lenguaje de la igualdad, la justicia y la liberación». En un tono particularmente duro, afirmó que «el mundo que imagina el comunismo es pequeño, plano, gris, despojado de toda excepcionalidad y vaciado de todo lo bueno y noble que hay en el alma humana».

El encuentro se produce en un contexto en el que la administración Trump ha mostrado una obsesión particular con Antifa, un movimiento difuso y descentralizado que, según expertos, ni siquiera existe como organización formal. A pesar de ello, Rubio sostuvo que «los militantes de Antifa y sus camaradas viajan desde toda Europa y hacia las Américas para participar en ataques mutuos, canalizar propaganda, materiales de formación e información sobre objetivos a través de canales cifrados compartidos». También vinculó a estos grupos con «Estados extranjeros hostiles», mencionando específicamente a «las redes iraníes interpuestas que mantienen vínculos cada vez más estrechos con grupos militantes de izquierda en todo el mundo».

Rubio también señaló a Cuba como un actor clave en la propagación de la ideología de extrema izquierda, afirmando que «la extensa red de inteligencia e ideología del régimen cubano contribuyó a forjar la extrema izquierda en nuestro país y en nuestro hemisferio, y sigue estando inextricablemente ligada a grupos y movimientos». La reunión, que ha generado críticas por su enfoque selectivo, refleja la prioridad que la administración Trump otorga a la lucha contra el terrorismo de izquierda, mientras que organizaciones de derechos humanos y analistas señalan que la violencia de extrema derecha, incluyendo la marcha de 400 militantes neonazis por el centro de Washington el pasado 4 de julio, no recibe la misma atención.

La convocatoria de Rubio ha sido recibida con escepticismo por parte de algunos países participantes, que consideran que la iniciativa podría estar motivada más por consideraciones políticas internas de Estados Unidos que por una amenaza real y coordinada a nivel global. No obstante, el Departamento de Estado estadounidense ha defendido la reunión como un paso necesario para actualizar las estrategias antiterroristas y cerrar lo que considera una brecha en la seguridad internacional.

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