Diana Lora Effio creyó haber encontrado el hogar perfecto para ella y sus tres hijos menores de edad. Tras visitar un piso con tres habitaciones, un baño, cocina y un amplio salón, incluso con terraza, pagó 3.900 euros en efectivo al supuesto propietario. Sin embargo, al día siguiente, la policía llamó a su puerta y le comunicó que la vivienda no pertenecía a quien se la había alquilado. Los agentes habían acudido al inmueble por un procedimiento judicial para que el propietario real recuperara el piso, y Diana pasó de ser inquilina a ser señalada como ocupante ilegal.
«Yo les expliqué a los policías que no había entrado de manera ilegal, que tenía la llave del piso», relata Diana. Según su testimonio, uno de los agentes le advirtió de que podía acabar detenida. «Mis hijos estaban llorando. Me sacaron del piso, me quitaron la llave. Me trataron como una delincuente», recuerda. La situación se resolvió cuando Diana llamó al supuesto arrendador, que acudió a la vivienda y fue arrestado por la policía. Ella no fue detenida, pero se quedó sin casa, sin ahorros y con una deuda que sigue acumulándose más de tres meses después.
El caso de Diana no es aislado. Las estafas vinculadas al alquiler encuentran un terreno cada vez más fértil en un mercado de la vivienda tensionado. Según el estudio «Relación de salarios y vivienda en alquiler en 2025», basado en datos de Infojobs y Fotocasa, el español medio destinó el 50% de su sueldo bruto al pago del alquiler. Además, el precio del alquiler se incrementó un 4,2% en el último año, según el portal Idealista, marcando máximos históricos. La crisis del alquiler ha creado el escenario perfecto para estafas cada vez más verosímiles: ya no siempre se trata de anuncios falsos o pisos inexistentes, sino de operaciones que imitan todos los pasos de un alquiler real y pueden dejar a la víctima sin dinero, sin casa y, en casos extremos, incluso señalada como ocupante ilegal.
Días antes del fatídico domingo de abril, Diana encontró un anuncio de alquiler en TikTok. Contactó con el hombre que lo ofrecía y quedó para ver la vivienda. Al llegar, nada le hizo sospechar. «Entré en el piso, vi las habitaciones, los muebles, la cocina, la lavadora, la nevera...», recapitula. El hombre se presentó como propietario y le explicó que a su familia le habían concedido otra vivienda y que por eso alquilaban aquella. El piso no parecía abandonado ni ocupado. Lo que Diana vio fue una escena de aparente normalidad: una pareja con dos hijos que preparaba su propia mudanza. Incluso, cuenta, llegó a ayudarles «con el niñito, cargándolo para que no llore, y también ayudando a embolsar lo que tenían». Precisamente esa cotidianidad fue lo que hizo el engaño tan creíble: «Fue algo tan real que yo nunca pensé que iba a ser una estafa», resume.
El supuesto propietario le pidió primero 5.000 euros, en concepto de fianza y varias mensualidades. Ella no tenía esa cantidad, así que consiguió rebajarlo a 4.000. Según relata, le entregó en efectivo el dinero que pudo reunir: 3.900 euros, parte de sus ahorros y parte prestado. Había pedido hacer una transferencia, pero él le dijo que no, que prefería el dinero en mano porque su mujer recibía una ayuda y no quería movimientos en la cuenta. Diana aceptó. Estaba, dice, «emocionada de por fin poder tener un piso». Esa misma mañana había quedado con el supuesto arrendador: todavía le faltaban 100 euros por entregar y, supuestamente, iban a firmar el contrato. Los policías le dijeron: «Si eso es verdad, llámalo para que venga». Diana lo llamó. El hombre acudió a la vivienda y, al llegar, los agentes lo arrestaron.
No existe una cifra pública que permita saber cuántas estafas afectan específicamente al alquiler de vivienda. Según el último Balance de Criminalidad, en 2025 se contabilizaron 430.493 estafas informáticas, un 4,3% más que el año anterior, pero desde el Ministerio del Interior precisan que «no es posible especificar el ámbito en el que se producen los hechos denunciados». Raquel Herrero López, teniente del Grupo de Delitos Económicos de la Guardia Civil, explica que los fraudes inmobiliarios se integran dentro de la modalidad general de estafa: «En un mismo cajón vas a tener estafas de alquiler, estafas del amor, estafas de hijos en apuros...», resume. Por eso, más que una cifra concreta, lo que la teniente Herrero describe es un patrón. El mecanismo suele empezar con una vivienda que parece atractiva y un precio algo más bajo que el habitual en la zona. Después llega la urgencia: «Uy, pues hay muchos interesados en este momento, necesito cerrar hoy la reserva», ejemplifica Herrero. Todo busca empujar a la víctima a decidir rápido. «El objetivo es solicitar un pago anticipado cuanto antes», señala la teniente.
Desde la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), su portavoz, Enrique García, vincula la proliferación de este tipo de estafas a la crisis de acceso a la vivienda: «La situación del mercado de la vivienda favorece este tipo de estafas por la premura que tienen muchas personas agobiadas porque no encuentran dónde vivir», sostiene. Algo que también identifica la teniente Herrero: «Los estafadores se aprovechan de las crisis sociales», señala. El caso de Diana ilustra cómo la desesperación por encontrar un hogar puede llevar a personas vulnerables a caer en engaños cada vez más sofisticados, mientras las autoridades advierten de la necesidad de extremar la precaución y verificar siempre la propiedad antes de realizar cualquier pago.