Volodimir Zelenski vive su peor crisis interna desde que asumió la presidencia, agravada por el cese del ministro de Defensa, Mykhailo Fedorov, una decisión que ha provocado protestas masivas en Ucrania y ha puesto en entredicho su capacidad de gestión en plena guerra contra Rusia. La destitución, anunciada sin previo aviso, ha sido considerada por analistas y ciudadanos como un movimiento político destinado a eliminar a un posible rival, lo que ha erosionado la confianza en el liderazgo del mandatario.
Fedorov, quien ocupó el cargo durante seis meses, había logrado impulsar reformas clave en el Ministerio de Defensa y en las Fuerzas Armadas, además de aportar una visión estratégica que renovó la esperanza de la población en una victoria frente a la invasión rusa. Según explicó a este medio Yulian Bardas, director de la ONG Spalah y organizador de las protestas, el exministro «implementó reformas y aportó un nuevo enfoque al Ministerio de Defensa, a las Fuerzas Armadas y a la conducción de la guerra. Tenía una visión clara de cómo Ucrania podía ganar». Sin embargo, ese enfoque chocó con la resistencia del jefe del Estado Mayor, Oleksandr Sirski, quien «se había acostumbrado a librar la guerra según sus propias reglas y dentro de su propio sistema, y se opuso a los cambios propuestos», según Bardas.
La decisión de Zelenski de destituir a Fedorov se produjo tras una reunión con el propio ministro y Sirski, en la que se debatían los principales desafíos del ejército ucraniano, como el reclutamiento y el cierre del espacio aéreo. El presidente no ofreció detalles sobre los motivos del cese, limitándose a declarar que «la prioridad es el diálogo entre el ejército y el Ministerio de Defensa». No obstante, la salida de Fedorov ha sido interpretada por muchos como un intento de apartar a una figura que gozaba de gran popularidad y que podría convertirse en un adversario político en el futuro. Bardas señaló que «a menudo ocurre que, incluso cuando alguien trabaja dentro del equipo de Zelenski, en el momento en que este empieza a percibir a esa persona como un adversario político, aunque solo sea en su propia imaginación, esa persona pasa por lo que podría describirse como la guillotina».
El reemplazo de Fedorov por Yevheni Jmara, hasta ahora jefe del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), no ha logrado calmar los ánimos. Las protestas se han extendido por varias ciudades y los manifestantes exigen la restitución del exministro, a quien consideran el más eficaz desde el inicio de la guerra. Bardas advierte que Zelenski «está minando su propia legitimidad» al negarse a dar marcha atrás y actuar «en función de su ego». Subraya que la población no pide elecciones anticipadas, pues entiende que el presidente debe permanecer en el cargo durante la guerra, pero sus índices de aprobación han caído drásticamente y la indignación ciudadana crece.
El conflicto interno refleja un malestar más profundo en la sociedad ucraniana, que tras meses de una guerra de trincheras prácticamente estática había perdido la esperanza de una victoria decisiva. Fedorov, durante su breve gestión, logró devolver esa esperanza al implementar cambios que permitían avances en el frente y una gestión más eficiente de los recursos. «Cuando Fedorov asumió el cargo, esos seis meses devolvieron a la población la esperanza de vencer. La gente empezó a creer de nuevo que podíamos derrotar a Rusia», afirmó Bardas. Por eso, su destitución ha sido vivida como un arrebato de esa ilusión. «Cuando se priva a la población de esperanza y esta no está dispuesta a aceptarlo, sale a las calles para exigir su regreso», concluyó.
La crisis de liderazgo de Zelenski se produce en un momento crítico de la guerra, con el frente oriental bajo presión y la ayuda internacional sujeta a vaivenes políticos. Mientras las protestas continúan, el presidente se enfrenta al dilema de ceder a las demandas ciudadanas o mantener su decisión, arriesgándose a un desgaste político que podría debilitar la unidad nacional necesaria para resistir la agresión rusa. La figura de Sirski, que ha salido reforzada con el cambio, también genera controversia, pues muchos lo ven como el principal instigador de la destitución de Fedorov y critican su gestión de las operaciones militares. La tensión interna no parece tener una solución inmediata, y el futuro político de Zelenski pende de un hilo mientras la guerra continúa.