El ex número dos de Vox, Javier Ortega Smith, ha solicitado este viernes a la Mesa del Congreso de los Diputados su baja como miembro del grupo parlamentario de la formación ultraderechista, una decisión que le lleva a incorporarse de forma inmediata al grupo mixto. Ortega Smith mantiene así su acta de diputado, mientras que el grupo de Vox en la Cámara Baja pasa a contar con 32 parlamentarios.
El propio Ortega Smith ha hecho pública la noticia a través de un mensaje en la red social X, donde ha compartido tanto el escrito remitido a la Mesa como una carta dirigida al presidente de Vox, Santiago Abascal. En la misiva, califica su determinación de «dolorosa» y asegura que se trata de «una de las decisiones más dolorosas de mi vida». El diputado confiesa que abandona el grupo con «tristeza», tras haber contribuido a fundarlo hace una década, y experimenta un «desgarro interior» que le deja «profundamente decepcionado», aunque afirma irse «con la conciencia tranquila».
En la carta a Abascal, Ortega Smith denuncia que el partido «está secuestrado por la inamovible cúpula dirigente» y que esta ha traicionado los valores y principios fundacionales de la formación. Lamenta los meses de «fulminantes e injustificados ceses» que ha sufrido internamente y acusa a la dirección de utilizar la «implacable maquinaria» del partido para etiquetar como «disidentes» a quienes cuestionan el rumbo actual. «No he sido yo el que se ha movido», afirma Ortega Smith, quien asegura haber llegado a la conclusión definitiva de que no hay posibilidad de cambiar el partido desde dentro.
No obstante, el ex secretario general subraya que conserva intacto el cariño hacia los afiliados de Vox y que no romperá su carné como número 6 de afiliado. Se siente, según sus palabras, más cerca de los principios fundacionales que de la estructura política vigente. Como nota al pie de la misiva, indica que su carta se basa en la que el propio Abascal envió el 24 de noviembre de 2013 al entonces presidente del PP, Mariano Rajoy, cuando decidió abandonar las filas populares.
La salida de Ortega Smith del grupo parlamentario se produce tres meses después de que fuera expulsado del partido por cometer una infracción grave al negarse a cumplir la orden de la dirección que le obligaba a dejar de ser portavoz en el Ayuntamiento de Madrid. Este movimiento supone un nuevo capítulo en la crisis interna que atraviesa Vox, marcada por las tensiones entre la cúpula dirigente y sectores críticos que consideran que el partido se ha alejado de sus orígenes.
Ortega Smith, que fue secretario general de Vox durante años y una de las figuras más visibles de la formación, ha sido un pilar en la construcción del partido desde su fundación. Su salida del grupo parlamentario, aunque manteniendo el escaño, refleja la profundidad de las divisiones internas. La decisión de pasar al grupo mixto le permitirá conservar su labor legislativa, pero sin estar sujeto a la disciplina del grupo de Vox, lo que podría darle mayor libertad para expresar sus críticas.
El grupo mixto en el Congreso agrupa a diputados de formaciones minoritarias o que han abandonado sus grupos originales, y suele tener menos recursos y capacidad de intervención. Con la incorporación de Ortega Smith, este grupo gana un nuevo miembro con experiencia parlamentaria, mientras que Vox pierde a uno de sus fundadores en la Cámara Baja, aunque mantiene una mayoría suficiente para sus iniciativas.
La crisis en Vox no es nueva, pero la salida de Ortega Smith del grupo parlamentario representa un punto de inflexión. En los últimos meses, el partido ha vivido varias purgas internas, con la destitución de cargos críticos y un endurecimiento del control por parte de la dirección. La acusación de Ortega Smith de que la cúpula ha «secuestrado» el partido y etiqueta a los disidentes resuena entre sectores de la base que se sienten marginados.
Por ahora, la dirección de Vox no ha emitido un comunicado oficial sobre la decisión de Ortega Smith, pero se espera que en los próximos días se pronuncien al respecto. La formación ultraderechista, que ha experimentado un crecimiento electoral significativo en los últimos años, enfrenta ahora el desafío de gestionar esta fractura interna sin que afecte a su imagen pública ni a su cohesión parlamentaria.