El Giant Puppet Project celebra desde 2007 una de las citas culturales más singulares del sudeste asiático: un desfile nocturno de marionetas de papel gigantes y luminosas que recorre las calles de Siem Reap, el principal destino turístico de Camboya. Lo que comenzó como una iniciativa de arteterapia para niños en situación de vulnerabilidad se ha convertido en un evento anual que atrae a miles de espectadores y que solo se interrumpió entre 2020 y 2022 debido a la pandemia de COVID-19.
El proyecto nació en un contexto social complejo. Camboya es uno de los países más pobres de Asia, con altas tasas de abandono infantil y orfandad. Además, es una de las naciones con mayor presencia de minas terrestres del mundo, un legado de los conflictos del siglo XX como la guerra de Vietnam y el régimen de los Jemeres Rojos, lo que ha provocado que muchos menores hayan sufrido amputaciones o accidentes relacionados con explosivos. En este escenario, existen numerosas instituciones —orfanatos, internados, guarderías y centros de actividades— que atienden a niños cuyos padres, en muchos casos, siguen vivos pero no pueden hacerse cargo de ellos.
En ese marco, el Giant Puppet Project ofrece a los menores la oportunidad de crear sus propias marionetas y desfilar con ellas por la ciudad. La actividad no solo les proporciona una distracción lúdica, sino que también les permite adquirir habilidades artesanales que podrían facilitarles un futuro empleo como artesanos, además de conectarles con su cultura y con el mundo exterior. Desde el regreso del desfile tras la pandemia, se estima que entre 400 y 500 niños participan en cada edición.
El proyecto guarda similitudes con el conocido Phare Circus, otra iniciativa camboyana de arteterapia que también reparte sus actividades entre Siem Reap y Battambang. En ambas ciudades se diseñan y construyen las marionetas, que suelen estar tematizadas y requieren de un trabajo colectivo de semanas. Fuera de la fecha del desfile, que tiene lugar una única noche cada primavera, los talleres pueden visitarse durante todo el año para observar el proceso de creación de las figuras.
El evento no solo beneficia a los niños que participan directamente en el desfile, sino también a los numerosos asistentes que acuden a contemplarlo. Para muchos espectadores, la procesión de marionetas iluminadas es una oportunidad única de acercarse a una expresión artística que combina tradición, memoria y esperanza en un país que aún lidia con las secuelas de su pasado reciente.