Brasil celebra este domingo la segunda vuelta de sus elecciones presidenciales con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro prácticamente empatados en las encuestas. El mandatario intenta remontar la derrota sufrida en la primera ronda frente al hijo del expresidente Jair Bolsonaro, que aspira a devolver al Palacio del Planalto el proyecto político de su padre.
La encuesta de Datafolha publicada el jueves otorga el 50% de los votos válidos a cada candidato. El sondeo de Quaest sitúa a Bolsonaro en el 45% y a Lula en el 44%, y recoge además una caída de cinco puntos en el rechazo al presidente, que baja hasta el 47%. Los niveles de rechazo elevados hacia ambos aspirantes reflejan la división del electorado y convierten la movilización de los indecisos en un factor que puede inclinar el resultado.
La primera vuelta fue una sorpresa para buena parte de los analistas. Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos, frente al 45,16% de Lula, una diferencia de unos 2,2 millones de papeletas que contradijo la mayoría de los sondeos, que situaban al veterano presidente en cabeza. Desde entonces, las encuestas han ido estrechando la distancia: Datafolha registraba un 52% frente a un 48% al inicio de la segunda vuelta y un 51% frente a un 49% la semana anterior.
Los dos proyectos se distinguen con claridad. Lula defiende un programa asociado a la protección social y a la intervención del Estado, con referencias como Bolsa Familia, una de las políticas emblemáticas de sus gobiernos anteriores contra la pobreza. Sin embargo, el presidente afronta el desgaste de su proyecto, las dificultades para contener la inflación y la pérdida de apoyo en sus bastiones tradicionales del nordeste. La falta de relevo generacional es otro de los desafíos de la izquierda brasileña.
Flávio Bolsonaro propone reducir el gasto público y la presencia estatal mediante privatizaciones, rebajas de impuestos y recortes administrativos. Su agenda incluye una mayor explotación de los recursos naturales y una política de seguridad inspirada en el modelo del salvadoreño Nayib Bukele, con endurecimiento de penas y reducción de la edad penal. Según los sondeos, Bolsonaro concentra buena parte de sus apoyos en el sur y el sureste del país y entre los votantes evangélicos, mientras que Lula mantiene su fortaleza en el nordeste y entre los sectores de menores ingresos.
Quien gane deberá negociar con un Congreso más inclinado a la derecha. Será decisivo el papel del llamado centrão, un bloque informal de partidos conservadores que condiciona la formación de mayorías parlamentarias.
El resultado también puede afectar al futuro judicial de Jair Bolsonaro, condenado a más de 27 años de prisión por su papel en la tentativa golpista posterior a su derrota electoral de 2022. El expresidente permanece en arresto domiciliario por motivos de salud. Entre las vías planteadas para favorecer su excarcelación figuran una ley de amnistía o un indulto, cuya aplicación dependería del marco jurídico y de las decisiones institucionales.
La campaña ha trasladado además la confrontación al Tribunal Superior Electoral. Lula solicitó la nulidad de la candidatura de Flávio Bolsonaro por un supuesto trato de favor de Meta hacia los contenidos de su rival.