La Alianza Atlántica se reúne este martes y miércoles en Ankara en una cumbre que muchos analistas consideran clave para su refundación, en un contexto marcado por el repliegue militar de Estados Unidos y las crecientes tensiones entre el presidente Donald Trump y los socios europeos. La inversión en defensa, el papel de los europeos en la organización y el respaldo a Ucrania dominan la agenda de un encuentro que Washington ha denominado como la 'OTAN 3.0'.
Trump ha intensificado sus críticas hacia los aliados que no alcanzan el objetivo del 5% del PIB en gasto militar, un umbral acordado en La Haya hace un año. En los días previos a la cumbre, el mandatario estadounidense dirigió sus advertencias a España, afirmando que «pronto aprenderán» las consecuencias de no cumplir con ese compromiso. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha tratado de rebajar la tensión y ha defendido que Trump «ha unido» a la Alianza, aunque en privado reconoce la «decepción» de Washington con los europeos.
El repliegue estadounidense se enmarca en una revisión estratégica que el Pentágono llevará a cabo durante los próximos seis meses, con el objetivo de analizar la presencia militar de EE.UU. en territorio europeo. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, explicó que esta «revisión de la OTAN 3.0» se realizará en colaboración con las Fuerzas Armadas estadounidenses y el mando Europeo, e implicará consultas con el Congreso y los aliados. Aunque no se han mencionado bases concretas como Rota o Morón en España, la incertidumbre sobre posibles retiradas de tropas planea sobre la cumbre.
Desde la perspectiva europea, el peso de la defensa está desplazándose hacia los países bálticos. Polonia, Lituania y Letonia son los que más invierten actualmente en defensa, y solo Polonia supera el 4% del PIB, acercándose al objetivo del 5%. Según el último informe de la Alianza correspondiente a 2025, Estados Unidos ha reducido su inversión en defensa en el último año, situándose en un 3,19% del PIB, siendo el único miembro que ha disminuido su aportación. La contribución total de Washington a la organización ha pasado del 64% al 60%, lo que contrasta con los 999.000 millones de dólares que destina a la defensa común, frente a los 66.500 millones de Francia, los 48.800 millones de Italia o los 44.300 millones de Polonia.
Turquía, anfitriona de la cumbre, está llamada a convertirse en un eje estratégico de la Alianza si se consuma el repliegue estadounidense. Miembro de la OTAN desde 1952, cuenta con el segundo ejército más numeroso de la organización, solo por detrás del estadounidense. Sus fuerzas armadas disponen de aproximadamente 355.000 militares en servicio activo, 379.000 reservistas y 150.000 miembros de fuerzas paramilitares, lo que suma un total de 884.000 efectivos. Además, posee más de 2.200 tanques, 61.000 vehículos blindados, más de 1.000 aeronaves militares y 182 buques de guerra, y mantiene el servicio militar obligatorio.
La importancia de Turquía no radica solo en sus números, sino en sus enclaves estratégicos. El país alberga bases clave como la aérea de Incirlik, la de Konya y el mando terrestre en Izmir, que cumplen funciones esenciales en operaciones aéreas, vigilancia y coordinación militar. Su ubicación en el flanco suroriental de la OTAN, cerca de zonas de conflicto como Oriente Medio, otorga un valor estratégico muy alto a estas infraestructuras, a pesar de que su número es reducido en comparación con el total de instalaciones militares del país.
España se ha desmarcado de las nuevas tesis de la Alianza y defiende que con un gasto del 2,1% del PIB podrá cumplir con sus capacidades militares. El Gobierno de Pedro Sánchez ha sido objeto de las críticas de Trump, quien calificó a los españoles como «un horror» y afirmó que «no son muy buenos miembros» de la OTAN. Sin embargo, el Ejecutivo español insiste en que es «un socio leal y que cumple», según declaraciones de los ministros de Defensa y de Exteriores, Margarita Robles y José Manuel Albares.
Javier Solana, ex secretario general de la OTAN, ha restado importancia a los mensajes de Trump y ha señalado que la cumbre es «muy importante» tanto por los temas a tratar como por la sede elegida. Solana pidió relativizar las declaraciones del presidente estadounidense y recordó que la Alianza ha superado crisis anteriores. No obstante, reconoció que la reunión en Ankara llega en un momento de máxima tensión transatlántica, con la guerra en Ucrania como telón de fondo y la necesidad de definir el futuro papel de Europa en la defensa colectiva.
La cumbre de Ankara se celebra en un clima de incertidumbre sobre el compromiso de Estados Unidos con la seguridad europea. Trump ha dejado de hablar abiertamente de una salida de la OTAN, pero sigue considerando a la Alianza como «un tigre de papel». Mientras tanto, los aliados europeos buscan reforzar su autonomía estratégica y aumentar su inversión en defensa, aunque las diferencias internas sobre cómo lograrlo siguen siendo profundas. El resultado de esta cumbre podría marcar un antes y un después en la historia de la organización.