El incendio forestal que ha arrasado un perímetro de 40 kilómetros en la comarca almeriense de Los Gallardos ha elevado este domingo a 13 el número de víctimas mortales, tras el fallecimiento de una mujer británica de 93 años que permanecía ingresada en el Hospital Universitario Torrecárdenas con quemaduras en el 20 % de su superficie corporal. La Junta de Andalucía ha confirmado que esta nueva muerte se suma a las doce personas que perdieron la vida directamente por el fuego, mientras que el balance provisional mantiene ocho desaparecidos y ocho heridos, cuatro de ellos en estado grave ingresados en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla.
El consejero de Presidencia, Interior, Diálogo Social y Simplificación Administrativa, Antonio Sanz, ha trasladado sus condolencias a los familiares de la fallecida en nombre del Gobierno andaluz. El incendio, que ha calcinado unas 7.000 hectáreas, ha quedado estabilizado, lo que ha permitido que el millar de personas evacuadas regresen progresivamente a sus viviendas. Sin embargo, el retorno está lejos de ser normal: los vecinos se enfrentan a un paisaje teñido de negro, con cortes de suministros básicos y daños estructurales que dificultan la vida cotidiana.
En Los Gallardos, municipio epicentro del siniestro, su alcalde, Francisco Miguel Reyes, describe el desánimo generalizado entre los vecinos. «Están tristes y sin ganas de nada tras tener que salir de tu casa con mucho miedo», relata. «Hay incertidumbre porque no sabes lo que va a pasar, y encima de todo tantas víctimas en el municipio de Bédar, te da mucho miedo», confiesa el regidor. Aunque las llamas han perdonado el núcleo principal del pueblo, el fuego ha dejado su huella en barriadas periféricas como Los Burgos, Los Villaltas o Alfaix. El Ayuntamiento se encuentra inmerso en labores logísticas de urgencia, «arreglando tuberías de agua» en las zonas afectadas, y ha decidido suspender por unanimidad sus inminentes fiestas patronales en señal de respeto institucional.
A pocos kilómetros, en Bédar, la situación reviste mayor gravedad por ser la «zona cero» del drama humano. Su alcalde, Ángel Collado, guarda una prudencia absoluta sobre los cadáveres hallados en su término municipal: «Hasta que no nos faciliten los resultados de las pruebas de autopsia que se haga con el ADN de familiares, no sabremos las nacionalidades de las personas fallecidas», advierte. Allí el regreso está fuertemente condicionado. Collado detalla que los ciudadanos «están teniendo contacto con sus viviendas para ver cómo las encuentran». Ante los cortes de luz y agua, la orden de seguridad es clara: «Los vecinos cuyas casas están en condiciones para poder seguir siendo habitadas se van a quedar, y aquellos que no puedan pasar la noche y los próximos días, les daremos la misma alternativa y los reagruparemos en hoteles» hasta encontrar una solución definitiva. Sobre la magnitud económica del desastre, el regidor asume que los daños se sabrán «en los próximos días, porque en uno solo a un vistazo no se aprecia todo lo que hay».
La compleja orografía de Lubrín dibuja el duro contraste entre los que escaparon de las llamas y los que las sufrieron sobre sus propios tejados. Su regidor, Domingo Ramos, confirma la «normalidad absoluta» para pedanías alejadas como El Chive, La Alcarria o Jauro, que ya hacen vida normal, y se alivia al recordar que en su pueblo no hay desaparecidos ni heridos. Por el contrario, en El Marchal y Campico de Oletas el escenario es desolador y el retorno, precario. «Las tuberías en la zona del depósito de agua del Marchal y hacia el barrio se han quemado, porque las llamas han pasado prácticamente por encima», lamenta Ramos. A la falta de agua corriente se suma que la fibra óptica se había quemado también y se registran problemas de movilidad por la existencia de árboles que han caído prácticamente en el acceso de alguna vivienda.
El único contrapunto de relativa tranquilidad lo aporta la localidad de Antas, donde los residentes de las pedanías evacuadas de Los Raimundos, Los Chopos y el Cabezo María han podido regresar a sus viviendas sin registrar mayores contratiempos, según ha indicado su alcalde, Pedro Ridao. «Lo que nos han trasladado es que no estamos solos, que el Gobierno, la Junta de Andalucía y la Diputación van a estar con nosotros», añade el regidor, quien recuerda que en cada pueblo se va a crear una oficina de información para que los vecinos puedan desplazarse e informar de todas las pérdidas que haya tenido en sus casas.
Mientras tanto, la Junta de Andalucía ha asegurado que quienes no puedan permanecer en sus viviendas durante los próximos días serán realojados en hoteles hasta encontrar una solución definitiva. La prioridad inmediata es restablecer los suministros básicos y evaluar los daños estructurales, una tarea que los alcaldes reconocen que llevará varios días. La tragedia ha dejado una profunda huella emocional en una comarca que ahora mira con incertidumbre hacia el futuro, mientras las autoridades trabajan para garantizar la seguridad y el bienestar de los afectados.