Colombia sigue buscando supervivientes, pero la emergencia provocada por el terremoto de magnitud 7,4 ya empieza a cambiar de forma. El balance provisional subió a al menos 224 muertos, cientos de heridos y más de 3.000 personas reportadas como desaparecidas. Al mismo tiempo, alrededor de 1.600 edificios han quedado dañados o destruidos.
El sismo se produjo el 10 de agosto a las 7.34 de la mañana, con la zona epicentral cerca de San José del Palmar, en el departamento del Chocó. Cali y Pereira se encuentran entre las ciudades más afectadas. Las primeras cifras hablaban de 132 fallecidos, pero el recuento aumentó a medida que los equipos llegaron a nuevas zonas y los hospitales consolidaron sus registros.
La prioridad sigue siendo rescatar a quienes puedan estar bajo los escombros. Soldados, bomberos, equipos especializados, voluntarios y vecinos trabajan en edificios colapsados. En estas operaciones, retirar material demasiado rápido puede ser tan peligroso como avanzar con lentitud: una losa mal movida puede cerrar un espacio donde una persona haya sobrevivido.
El presidente Abelardo de la Espriella declaró el estado de emergencia nacional y señaló el rescate como objetivo inmediato. La decisión concentra recursos del Estado en una crisis que, después de las primeras horas, ya no consiste únicamente en retirar escombros. También hay que alojar a quienes no pueden volver a casa, mantener hospitales operativos, asegurar rutas de transporte y controlar edificios que siguen en pie pero pueden haber perdido estabilidad.
Las réplicas subrayan ese cambio. El País informó, citando al Servicio Geológico Colombiano, de 47 movimientos posteriores, con una magnitud máxima de 4,8. Para una construcción intacta pueden ser episodios mucho menos severos que el sismo principal; para una estructura dañada, pueden provocar un nuevo colapso.
La cifra de más de 3.000 desaparecidos también evolucionará. No todas esas personas están necesariamente atrapadas: algunas pueden encontrarse en hospitales, refugios o zonas sin comunicación. Sin embargo, el número obliga a cruzar bases de datos y a comprobar físicamente muchas direcciones antes de descartar una emergencia.
Ese trabajo marca la transición de una catástrofe inmediata a una crisis social más larga. Las familias desplazadas necesitarán alojamiento durante días o meses. Los comercios y servicios de los barrios dañados tardarán en recuperar su actividad. Las autoridades deberán decidir qué edificios se pueden reparar y cuáles tendrán que ser demolidos.
La ayuda exterior ya ha empezado a movilizarse. Estados Unidos anunció alrededor de 15,5 millones de dólares, según Associated Press. El dinero puede aliviar las necesidades humanitarias, pero la reconstrucción exigirá después una evaluación mucho más amplia de viviendas, escuelas, hospitales y transporte.
Antes de llegar a esa etapa, Colombia sigue contando horas. Mientras haya una posibilidad razonable de encontrar supervivientes, los equipos mantendrán la búsqueda entre los escombros. El paso definitivo hacia la reconstrucción dependerá de cuándo termine esa carrera y de cuántas personas de la lista de desaparecidos puedan ser localizadas con vida.