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La amistad entre Trump e Infantino tras la polémica retirada de una tarjeta roja en el Mundial

La FIFA anuló la tarjeta roja al delantero estadounidense Folarin Balogun tras una llamada de Donald Trump a Gianni Infantino, lo que ha reavivado el debate sobre la influencia política en el organismo rector del fútbol mundial.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OU.

La decisión de la FIFA de retirar la tarjeta roja al delantero estadounidense Folarin Balogun, después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llamara por teléfono al presidente del organismo, Gianni Infantino, ha desatado una fuerte polémica sobre la independencia del fútbol internacional y la creciente influencia política en sus decisiones. El incidente ocurrió durante el partido de dieciseisavos de final de la Copa Mundial entre Estados Unidos y Bosnia-Herzegovina, cuando Balogun fue expulsado por una acción considerada imprudente por el árbitro tras revisar el VAR. Horas después, la FIFA anunció que levantaba la sanción, permitiendo al jugador del Mónaco participar en los octavos de final contra Bélgica.

La decisión se ampara en el artículo 27 del Código Disciplinario de la FIFA, que habilita al organismo a suspender total o parcialmente una medida disciplinaria, y en el artículo 25, que permite a los órganos judiciales determinar el tipo y la extensión de las sanciones según las circunstancias agravantes y atenuantes. Sin embargo, la rapidez con la que se revocó la tarjeta roja, sumada a la llamada telefónica de Trump a Infantino, ha generado sospechas de que la FIFA actuó para complacer al presidente estadounidense. El seleccionador de Estados Unidos, Mauricio Pochettino, celebró la medida y calificó la expulsión inicial de «totalmente injusta», asegurando que «el 99,9% está de acuerdo con que fue una roja injusta».

Trump, por su parte, agradeció públicamente a la FIFA en su red social: «¡Gracias a la FIFA por hacer lo correcto y revertir una gran injusticia!». La cadena CNN subrayó que «la decisión final convirtió una controversia sobre el arbitraje de fútbol en un incidente internacional en torno al evento deportivo más popular del mundo». Este episodio no es un hecho aislado, sino la manifestación más reciente de una estrecha relación entre Trump e Infantino que se ha ido consolidando desde 2018, cuando el presidente de la FIFA visitó por primera vez la Casa Blanca durante el primer mandato de Trump.

La amistad entre ambos líderes ha trascendido los terrenos de juego. Infantino ha acompañado a Trump en eventos como el Foro Económico de Davos, la firma de los Acuerdos de Abraham en Washington en 2020, e incluso asistió como invitado a la segunda investidura del presidente en enero de 2025. En diciembre de 2025, durante el sorteo del Mundial 2026 celebrado a solo 15 minutos de la residencia de Trump, la FIFA otorgó al presidente estadounidense el premio por la paz, un galardón creado por el organismo después de que Trump no obtuviera el Premio Nobel de la Paz que tanto ansiaba. Un mes antes, Infantino había afirmado que Trump merecía el Nobel por su contribución al alto el fuego entre Israel y Gaza, lo que supuso una inusual incursión del presidente de la FIFA en la política internacional.

Trump se ha referido a Infantino en público como «mi gran amigo» y «una especie de rey del fútbol», durante la presentación del Grupo de Trabajo de la Casa Blanca para el Mundial de 2026. Sin embargo, la relación de Infantino con líderes políticos no se limita a Estados Unidos. En 2019, el presidente ruso, Vladimir Putin, le otorgó la medalla de la Orden de la Amistad de Rusia, junto con los gobernantes de Catar y Arabia Saudita, otros anfitriones de Copas del Mundo. Esta red de vínculos ha puesto en cuestión la neutralidad política de la FIFA, especialmente de cara al Mundial de 2026, que se celebrará en México, Estados Unidos y Canadá.

Infantino, abogado hijo de inmigrantes italianos en Suiza, fue elegido presidente de la FIFA en 2016, en plena crisis del organismo tras una exhaustiva investigación federal estadounidense sobre corrupción que provocó la destitución de numerosos dirigentes del fútbol en América y la dimisión del entonces presidente Sepp Blatter. Desde entonces, Infantino ha impulsado una expansión comercial de la FIFA, priorizando el negocio sobre el deporte, como se evidenció en la elección de Catar como anfitrión del Mundial de 2022. La polémica por la tarjeta roja a Balogun ha reavivado el debate sobre si la FIFA actúa con independencia o si sus decisiones están condicionadas por los intereses de los países anfitriones y sus líderes.

El seleccionador Pochettino, que podrá contar con Balogun para el partido contra Bélgica, insistió en que el equipo ya había sido «castigado suficiente contra Bosnia, jugando con diez por una decisión totalmente injusta». Sin embargo, la oposición y diversos analistas han señalado que la intervención de Trump y la respuesta de la FIFA sientan un precedente peligroso para la integridad del torneo. La BBC ya había advertido en diciembre de 2025, con un titular profético, sobre «por qué la estrecha relación entre Trump y Gianni Infantino pone en cuestión la neutralidad política de la FIFA antes del Mundial 2026».

Mientras el Mundial avanza, la sombra de la política se cierne sobre el césped. La decisión de la FIFA, aunque legalmente respaldada por sus propios códigos, ha sido percibida por muchos como una concesión al poder estadounidense, en un momento en que el organismo busca mantener buenas relaciones con el país anfitrión del próximo gran evento futbolístico. La historia de favores y amistades entre Trump e Infantino, que comenzó con una visita a la Casa Blanca y se ha consolidado con galardones y llamadas telefónicas, amenaza con empañar la credibilidad de la FIFA y del deporte rey.

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