El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intervino directamente ante la FIFA para lograr la suspensión de la sanción que impedía al delantero Folarin Balogun disputar el partido de octavos de final del Mundial contra Bélgica. Según fuentes confirmadas al diario británico The Guardian, Trump realizó tres llamadas telefónicas al organismo rector del fútbol mundial desde el pasado miércoles, cuando Balogun fue expulsado durante el encuentro de la fase de grupos ante Bosnia y Herzegovina.
La expulsión se produjo tras una revisión del VAR que determinó que Balogun había pisado el tobillo del defensa bosnio Tarik Muharemovic con los tacos. El árbitro brasileño Raphael Claus no señaló falta en primera instancia, pero tras ser llamado por el VAR, mostró la tarjeta roja directa al delantero del Mónaco, quien había marcado el primer gol de la victoria estadounidense por 2 a 0. La FIFA confirmó dos días después la sanción habitual de un partido de suspensión, que dejaba a Balogun fuera del crucial encuentro de octavos.
El Código Disciplinario de la FIFA no permite apelar las tarjetas rojas directas, y tanto funcionarios del organismo como de la Federación de Fútbol de Estados Unidos confirmaron inicialmente que la sanción era inapelable. Sin embargo, en un anuncio sorprendente este domingo, la FIFA alegó el artículo 27 de su Código Disciplinario para suspender la exclusión, aunque la tarjeta roja se mantendrá en el expediente de Balogun durante un período de prueba de un año. Si el jugador comete otra infracción de similar naturaleza y gravedad, deberá cumplir la sanción de un partido.
El artículo 27 otorga al comité judicial de la FIFA la autoridad de suspender total o parcialmente la implementación de una medida disciplinaria, una cláusula que, en la práctica, permite al organismo anular decisiones arbitrales. No obstante, el artículo 10.5 del mismo código establece que una tarjeta roja directa conlleva automáticamente un partido de suspensión, lo que ha generado críticas sobre la coherencia del reglamento.
No es la primera vez que la FIFA recurre a esta cláusula en el presente Mundial. El organismo ya la utilizó para permitir que Cristiano Ronaldo participara en los dos primeros partidos del torneo con Portugal. El delantero había recibido una sanción de tres partidos tras ser expulsado en un encuentro de clasificación contra la República de Irlanda en noviembre, pero la suspensión se redujo a un partido, que cumplió en el clasificatorio ante Armenia. Ronaldo fue invitado por Trump a la Casa Blanca la semana previa a que su sanción fuera parcialmente suspendida.
El caso de Balogun ha generado un intenso debate sobre la influencia política en las decisiones deportivas. Además de las llamadas de Trump, fuentes indicaron que el grupo de trabajo de la Casa Blanca para el Mundial, liderado por Andrew Giuliani —hijo del exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani—, habría iniciado una ofensiva legal contra la suspensión, centrada en el uso de repeticiones a cámara lenta para tomar decisiones mediante el VAR. La Casa Blanca no ha respondido a las preguntas de The Guardian, y la FIFA ha rechazado hacer comentarios al respecto.
Trump celebró la decisión en su red social Truth Social con un mensaje en el que agradeció a la FIFA por «hacer lo que era correcto, y revertir una gran injusticia». Hasta ese momento, el presidente no había hecho ninguna mención al torneo en sus redes sociales desde el 28 de junio, cuando reconoció las cifras de asistencia. Su intervención directa contrasta con su ausencia en los partidos de la selección estadounidense, que ha avanzado hasta los octavos de final con un juego notable.
Balogun, de 23 años, ha sido una pieza clave en el ataque de Estados Unidos, con tres goles en sus tres titularidades en el Mundial. El delantero, que formó parte de la selección sub-21 de Inglaterra antes de optar por representar a Estados Unidos, podrá ahora enfrentarse a Bélgica en un partido que definirá el pase a cuartos de final. La decisión de la FIFA, aunque legal según su reglamento, ha sido calificada por varios analistas como un precedente preocupante para la independencia arbitral en el fútbol internacional.