El último episodio de «Project Runway» ha vuelto a poner sobre la mesa un problema recurrente en el programa: la incapacidad de muchos diseñadores para crear piezas adecuadas para modelos curvy. El detonante ha sido el llamado «tape-gate», un incidente en el que el concursante Bryan, ante la negativa de la modelo Liris a desfilar prácticamente desnuda, decidió envolverla en cinta adhesiva a modo de vestido. La escena, que dejó atónitos tanto al resto de participantes como a los espectadores, ha reabierto el debate sobre el trato que reciben las modelos de tallas grandes en la competición.
El problema no se limita a este episodio. A lo largo de la temporada, varios concursantes han demostrado tener serias dificultades para diseñar prendas que favorezcan a modelos con curvas. En el desafío anterior, Bryan ya había creado un vestido para Heidi que ignoraba por completo su busto. En otra ocasión, el concursante Bobby presentó una pieza de inspiración futbolística que hacía que su modelo pareciera una linebacker, un diseño que el juez Law calificó abiertamente de desastre y que provocó una visible decepción en la modelo.
El caso más grave, sin embargo, es el de Liris, una de las modelos más queridas por el público. Según se ha conocido después a través de las redes sociales, la experiencia fue traumática para ella: sufrió una crisis emocional fuera de cámara y llegó a sufrir quemaduras e heridas causadas por la cinta adhesiva. Durante la temporada, Liris ha desfilado en varias ocasiones con prendas mal ajustadas y mal construidas que no tenían en cuenta sus curvas, lo que ha llevado a muchos a preguntarse si el programa está dando la espalda a la diversidad corporal que tanto presume.
El incidente ha puesto de manifiesto una preocupante regresión en la serie, que en el pasado fue pionera en visibilizar la moda para todos los cuerpos. La escena en la que Bryan envuelve a Liris en cinta como si estuviera empaquetando un paquete ha sido calificada por muchos como deshumanizante. La reacción del resto de diseñadores, visiblemente impactados, no hizo sino subrayar la gravedad de lo ocurrido.
El «tape-gate» ha reabierto una conversación necesaria sobre la responsabilidad de los programas de moda a la hora de tratar a las modelos y sobre la preparación real de los diseñadores para trabajar con todo tipo de cuerpos. Mientras tanto, la pregunta que muchos se hacen es si «Project Runway» está a la altura de su propio legado o si, por el contrario, se ha convertido en un escaparate de malas prácticas que deberían haber quedado atrás.