En Great Barrington, Massachusetts, una antigua iglesia construida en 1829 alberga hoy el Guthrie Center, un espacio interreligioso y sala de conciertos de folk que el músico Arlo Guthrie adquirió en 1991. El edificio, conocido originalmente como St. James Chapel y rebautizado como Trinity Church, fue durante los años sesenta el hogar de Alice y Ray Brock, protagonistas de la célebre balada «Alice's Restaurant Massacree».
La canción, de casi veinte minutos, narra un episodio real: el joven Guthrie fue arrestado por arrojar basura desde un acantilado en la cercana localidad de Stockbridge, un antecedente penal que después puso en aprietos su intento de ser reclutado por el Ejército estadounidense. El tema convirtió a Stockbridge en un destino turístico y dio fama al restaurante de Alice, aunque, como recuerda la propia letra, Alice no vivía en el restaurante sino en la iglesia cercana, en la torre de la campana.
Ese templo, situado a unos seis kilómetros al sur de Stockbridge y a poca distancia de las vías del tren, pasó por varias manos hasta que Guthrie lo compró para convertirlo en un centro de culto interreligioso. Con el tiempo, el Guthrie Center se ha consolidado como un querido escenario de música folk, con una serie de conciertos de verano y encuentros mensuales de micrófono abierto conocidos como hootenannies.
La programación incluye además almuerzos comunitarios y una cena de Acción de Gracias que, según la institución, es difícil de superar. Durante el horario habitual de oficina, el centro abre sus puertas a los visitantes para que recorran una pequeña exposición sobre los avances en la lucha contra la enfermedad de Huntington, que causó la muerte del padre de Arlo, el legendario cantautor Woody Guthrie.
Con autorización, los interesados pueden subir a la segunda planta y contemplar diversos instrumentos musicales, vidrieras y parte de la escalera que conduce a la torre de la campana donde vivió Alice. La torre en sí permanece cerrada al público. El edificio conserva así la memoria de una historia que entrelaza música, comunidad y activismo, y que cada temporada reúne a vecinos y visitantes en torno a un escenario con casi dos siglos de historia.