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Al menos 12 muertos en el incendio forestal de Los Gallardos, Almería

El incendio forestal de Los Gallardos (Almería) ha causado al menos 12 muertos, ocho heridos y 23 desaparecidos, convirtiéndose en el más mortífero del siglo XXI en España. Las llamas han calcinado 3.800 hectáreas y obligado a evacuar a 1.000 personas. Los expertos analizan la caída de un cable eléctrico como posible origen y destacan factores como las altas temperaturas, la sequedad de la vegetación y el viento que favorecieron la rápida propagación.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OU.

El incendio forestal declarado en la localidad almeriense de Los Gallardos ha dejado al menos 12 víctimas mortales, ocho heridos —cuatro de ellos graves— y 23 personas que aún no han sido localizadas, según el último balance ofrecido por las autoridades. Con 3.800 hectáreas calcinadas, se trata del incendio más mortífero del siglo XXI en España, una tragedia que ha desbordado a los servicios de emergencia y ha obligado a evacuar a cerca de un millar de personas.

El consejero andaluz de Presidencia, Sanidad y Emergencias, Antonio Sanz, calificó la situación como una «tragedia sin precedentes» durante la mañana del viernes. Horas después, el delegado del Gobierno en Andalucía, Pedro Fernández, precisó que unas 130 o 140 personas permanecen aún en equipamientos habilitados en municipios colindantes, mientras que el total de desalojados asciende a 1.000. Las primeras investigaciones apuntan a la posible caída de un cable de tendido eléctrico como origen de las llamas, aunque los expertos consideran que aún es «demasiado pronto para determinar qué provocó los incendios».

La rápida evolución del fuego ha sido el factor determinante en la magnitud de la catástrofe. María Barbosa, científica especializada en incendios forestales del Centro Británico de Ecología e Hidrología (UKCEH), explica que para que un incendio avance a la velocidad observada en Almería se necesitan tres elementos: una fuente de ignición, vegetación seca que actúe como combustible y condiciones meteorológicas favorables para la expansión. «Las recientes olas de calor en toda Europa han contribuido a secar la vegetación, lo que ha hecho que los combustibles sean más inflamables», señala Barbosa. Además, el terreno montañoso de la región acelera la propagación del fuego, especialmente cuesta arriba, y dificulta las labores de extinción.

Ferran Dalmau-Rovira, ingeniero forestal y director de la consultora de ingeniería ambiental Medi XXI GSA, miembro de la Fundación Pau Costa, coincide en que el incendio de Los Gallardos «presentó un comportamiento extremo y muy intenso, favorecido por las altas temperaturas, la baja humedad y el fuerte viento». Dalmau-Rovira destaca que «existía simultaneidad en Andalucía, lo que ha tensionado al dispositivo de emergencias», y que el fuego afectó a varias carreteras, dificultando gravemente la movilidad y las operaciones de evacuación.

Guillermo Rein, catedrático de Ciencias del Fuego en el Imperial College de Londres, advierte de que el incendio debe investigarse «minuciosamente», porque «no se trata ni de una cuestión de destino ni del resultado de un simple error». En su opinión, «las catástrofes provocadas por los incendios forestales suelen ser el resultado de años de negligencia y de una lentitud en la toma de decisiones a la hora de abordar un riesgo natural que se produce en nuestros bosques y ecosistemas y que amenaza cada vez más a nuestras comunidades».

Ante la magnitud de la emergencia, los expertos han recordado las pautas básicas de actuación para la población. Dalmau-Rovira recomienda «permanecer en edificios resistentes ubicados dentro de un casco urbano consolidado, siempre que las autoridades no hayan ordenado la evacuación». Estos entornos ofrecen menor carga de combustible, mejores condiciones para la intervención de los servicios de emergencia y mayor protección frente a la radiación térmica. En situaciones intermedias, permanecer dentro de un vehículo en casco urbano puede ofrecer protección temporal frente al calor radiante, las pavesas y el humo, pero si el incendio presenta un comportamiento extremo con cambios bruscos de dirección del viento, puede convertirse en una situación de alto riesgo.

María Barbosa subraya la necesidad de que las administraciones inviertan «en prevención, gestionar el combustible, mejorar los sistemas de alerta temprana y garantizar que las personas que viven en zonas de alto riesgo sepan cómo prepararse y actuar». «A medida que aumenta el riesgo de incendios forestales en muchas regiones, la creación de comunidades más resistentes al fuego será una de las formas más eficaces de reducir los impactos futuros», añade.

Thomas Smith, profesor asociado de Geografía Ambiental en la London School of Economics and Political Science (LSE), apunta que cuando «las condiciones meteorológicas alcanzan niveles récord, debemos esperar que el comportamiento de los incendios también alcance niveles récord». «El cambio climático está aumentando la frecuencia y la intensidad del calor extremo y de las condiciones meteorológicas propicias para los incendios que crean estos entornos peligrosos», concluye.

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