Pedro Sánchez ha utilizado un avión comercial para regresar de Bristol a Madrid tras la graduación de su hija Ainhoa, un hecho excepcional en sus ocho años de gobierno. El presidente del Gobierno, acompañado por su esposa Begoña Gómez, sus hijas Ainhoa y Carlota, y los padres de Sánchez, embarcó en un vuelo de EasyJet desde el aeropuerto de Bristol. La imagen, captada por OKDIARIO, contrasta con el uso habitual que Sánchez ha hecho del Falcon, los Airbus y los Super Puma del Ejército del Aire, que ha batido récords en desplazamientos oficiales y privados.
El grupo llegó al aeropuerto diez minutos antes del despegue, acompañado por siete escoltas y el jefe de Gabinete de Sánchez, Diego Rubio. Mientras la familia de Sánchez esperaba en la sala de embarque común, el presidente, su esposa, Rubio y un escolta permanecieron en una sala aparte hasta el momento de abordar. Una vez que todos los pasajeros estaban sentados, el grupo VIP accedió al avión. Sánchez, Begoña Gómez y Rubio se sentaron en la fila 3, mientras que los padres de Sánchez ocuparon la misma fila pero al otro lado del pasillo. Las hijas, Ainhoa y Carlota, se ubicaron en la fila 2, pendientes de sus abuelos. Los escoltas se distribuyeron alrededor del grupo, vigilando cualquier movimiento de los pasajeros hacia el aseo para evitar contactos o fotografías del presidente.
Durante el vuelo, la familia permaneció sentada. Ainhoa dormía, mientras los demás estaban despiertos. Begoña Gómez llevó gafas de sol todo el trayecto y, junto a Sánchez, mantuvo conversaciones en voz baja, a menudo consultando el móvil de ella. En un momento, una azafata ofreció refrescos; Begoña respondió con un seco «no», sin mirar ni agradecer, mientras Sánchez miraba por la ventanilla. La mujer del presidente también leyó en un Kindle, lo que ha generado especulaciones sobre si revisaba documentos relacionados con sus problemas judiciales, ya que el lunes la Audiencia de Madrid delibera sobre su posible procesamiento por cuatro delitos. Antes de abandonar el avión, Sánchez se golpeó la cabeza con el compartimento superior del equipaje, un incidente que, según fuentes, no habría ocurrido en un Falcon.
Al llegar a Madrid, los escoltas bloquearon la salida de los pasajeros para que el grupo familiar, con Sánchez a la cabeza, descendiera por la escalera lateral del finger. En la pista les esperaban un microbús y un coche de la Guardia Civil. Cinco de los siete escoltas permanecieron en el avión y luego recogieron el equipaje en las cintas de salida. Solo un pasajero se atrevió a saludar a Sánchez y pedirle una foto; el presidente respondió «Al llegar a Madrid», pero no cumplió la promesa.
Este viaje contrasta con la trayectoria de Sánchez en el uso de medios aéreos oficiales. Desde 2018, ha acumulado más de 20 vueltas al mundo en Falcon y Airbus, con un coste histórico para las arcas públicas. Su mandato comenzó con polémica en junio de 2018, cuando posó con gafas de aviador en un Falcon, forzando una foto con oficiales del Ejército del Aire. En julio de ese mismo año, Begoña Gómez utilizó un Falcon para asistir al Festival Internacional de Benicasim, y Moncloa mintió inicialmente al afirmar que habían viajado por carretera. En septiembre de 2018, Sánchez movilizó un helicóptero Super Puma para asistir a la boda de su cuñado en La Rioja, mientras sus escoltas viajaban en coche. Ante las críticas, Sánchez declaró secreto oficial todos sus vuelos, una medida inédita en democracia, alegando razones de seguridad.
El uso de aviones oficiales por parte de Sánchez ha sido objeto de críticas por parte de la oposición y de organizaciones de control del gasto público. Según datos oficiales, el coste de los vuelos del Grupo 45 del Ejército del Aire durante su mandato supera los 20 millones de euros, incluyendo viajes a destinos como Ankara, Londres o la cumbre del clima en Egipto. La decisión de viajar en avión comercial a Bristol, aunque excepcional, no ha disipado las dudas sobre la transparencia en el uso de recursos públicos. El presidente, que ha defendido la necesidad de estos vuelos por motivos de seguridad y agenda, se enfrenta ahora a un escrutinio renovado sobre sus hábitos de viaje.
La graduación de Ainhoa, que tuvo lugar en la Universidad de Bristol, ha coincidido con un momento judicial delicado para Begoña Gómez, investigada por presuntos delitos de corrupción. La Audiencia de Madrid debe decidir si la sienta en el banquillo, mientras que Sánchez ha mantenido un perfil bajo en este asunto. El viaje en avión comercial, aunque inusual, no ha cambiado la percepción de muchos críticos, que ven en él un gesto aislado en medio de un historial de abuso de medios oficiales.