Las historias de terror en Internet también evolucionan. Primero nos asustaban los archivos misteriosos, las páginas ocultas y los espacios imposibles. Touch Grass representa otra etapa: el miedo ya no es que encontremos algo extraño dentro de la red, sino que la red haya aprendido lo suficiente de nosotros como para construir a alguien nuevo.
El proyecto se presenta como obra vinculada a un productor de Backrooms. La información disponible no identifica a esa persona, por lo que no conviene atribuirlo a un nombre concreto. Backrooms, dirigida por Kane Parsons y estrenada en Estados Unidos el 29 de mayo de 2026, convirtió un mito visual de la cultura online en largometraje con productores como James Wan, Shawn Levy, Dan Cohen, Dan Levine y Chris Ferguson.
Touch Grass avanza hacia un miedo más propio de la era de la IA generativa. Su protagonista trabaja en una corporación misteriosa que crea personalidades artificiales. Allí descubre The Feed, una capa oculta del Internet en la que bots, personajes falsos y rastros digitales de personas reales pueden convertirse en copias.
Estas copias, según la sinopsis, se construyen a partir de los deseos más íntimos de sus originales. La transformación es importante. El doble digital deja de ser una falsificación estática y pasa a ser un producto personalizado. Conoce no solo la apariencia de una persona, sino aquello que podría hacerla más convincente para sí misma o para los demás.
La referencia cultural es la “dead internet theory”. Esta teoría conspirativa sostiene que gran parte de la actividad online habría dejado de ser humana y estaría dominada por bots y sistemas automáticos. Sus primeras versiones conocidas circularon en foros anónimos hacia finales de los años 2010. La teoría no describe de forma fiable el conjunto de Internet, pero anticipó una preocupación que sí se ha vuelto más visible: la dificultad de reconocer el origen de un contenido.
El cambio tecnológico explica por qué el tema llega ahora al cine. Los modelos generativos pueden crear imágenes, reproducir características vocales y sostener personajes conversacionales con memoria de contexto. La red no necesita estar “muerta” para que parte de lo que vemos sea producido o modificado por máquinas. La transformación relevante es la pérdida de señales simples de autenticidad.
También cambia el significado de la frase “touch grass”. Merriam-Webster la define como volver a actividades normales del mundo real en vez de permanecer absorbido por experiencias digitales. Era una manera de decir que siempre existe un afuera. El film cuestiona precisamente esa separación: los datos no desaparecen cuando el usuario se desconecta.
La información disponible todavía no incluye director, reparto ni fecha de estreno para Touch Grass. La siguiente fase del proyecto tendrá que aclarar esos elementos. Mientras tanto, su concepto encaja en una transición cultural clara. El horror de la década ya no necesita imaginar una máquina consciente que nos persiga. Basta con imaginar una máquina que nos observe, entienda qué deseamos y produzca una versión de nosotros adaptada a ese deseo. Ahí empieza The Feed.