El ambicioso fichaje empresarial con el que Carles Puigdemont pretendía reforzar el perfil económico de Junts ha terminado en un sonoro fracaso político. Anna Navarro, la directiva de nivel medio de Silicon Valley que en 2024 fue incorporada como número dos en la lista de las elecciones catalanas, ha anunciado su renuncia al escaño en el Parlament, según confirmó ayer el partido en un comunicado oficial. La marcha deja al descubierto las tensiones internas y la escasa relevancia que la exejecutiva logró acumular durante su breve etapa como diputada.
En la nota difundida por Junts no se detallan las razones concretas de su dimisión. El texto se limita a señalar que «Navarro ha comunicado su renuncia durante la reunión del grupo parlamentario» y que previamente había informado de su decisión al propio Puigdemont, al secretario general del partido, Jordi Turull, y a la presidenta del grupo parlamentario, Mònica Sales. Fuentes del entorno de la ahora exdiputada han explicado que su intención es regresar a Estados Unidos para retomar su vida profesional en el sector tecnológico.
El fichaje de Navarro fue presentado en su momento como un golpe de efecto para dotar a Junts de un perfil moderno y empresarial, capaz de conectar con el tejido productivo y de proyectar una imagen de gestión eficiente. Sin embargo, desde el principio su integración en la dinámica del partido fue problemática. Durante la campaña electoral, Navarro jugó un papel secundario y ni siquiera fue designada para participar en el debate electoral en el que Puigdemont, al estar huido de la justicia, no podía comparecer. El partido optó por Josep Rull, actual presidente del Parlament, como sustituto.
Una vez en el Parlament, la exdirectiva nunca logró asumir un rol de interlocutora con el empresariado, una función que Puigdemont ejercía directamente a través de su relación privilegiada con el presidente de la patronal Fomento del Trabajo, Josep Sánchez Llibre. Tampoco tuvo protagonismo en cuestiones tecnológicas, su supuesta área de especialización, como los contactos de la Generalitat con Huawei o la falta de inversión en centros de datos. Fuentes del grupo parlamentario consultadas señalan que Navarro «nunca se adaptó a las dinámicas de trabajo de Junts» y que su inexperiencia política lastró cualquier posibilidad de influencia real.
El caso de Navarro no es aislado. El puigdemontismo ha mostrado una tendencia a devorar a sus propios fichajes, especialmente a aquellos que llegaron como independientes. Jaume Giró, exconseller de Economía de la Generalitat, fue desplazado al número once de la lista por Barcelona tras la llegada de Navarro y acabó abandonando su escaño en septiembre de 2025, marcando distancias con la dirección del partido. Otros nombres como el expresidente Quim Torra, Laura Borràs o el exsecretario general Jordi Sànchez también han quedado en el camino, marginados por el núcleo duro que rodea a Puigdemont.
La gestión de los grandes temas económicos durante la legislatura refleja la marginación de Navarro. La cuestión de la financiación autonómica, uno de los asuntos centrales del debate político catalán, fue encargada a Antoni Castellà, vicepresidente de Junts y miembro del círculo de confianza del expresidente huido. Castellà también fue quien participó en el debate sobre los Presupuestos de la Generalitat el pasado mes de junio, relegando a Navarro a un papel testimonial. En la práctica, las decisiones económicas de calado quedaron supeditadas a las cuestiones políticas, especialmente al malestar de Junts con el Gobierno de Pedro Sánchez por los incumplimientos en torno a la ley de amnistía y el fracaso de las conversaciones en Ginebra.
Navarro asegura en su nota de despedida que seguirá siendo miembro de la permanente de Junts, pero fuentes internas restan valor a esa permanencia. Las decisiones reales las toma un grupo reducido de personas con Puigdemont a la cabeza, entre las que se encuentran el abogado Gonzalo Boye y el empresario gerundense y exsenador Josep Maria Matamala, algunos de los cuales ni siquiera son miembros del partido. La salida de Navarro deja un escaño vacante que Junts deberá cubrir, pero sobre todo abre interrogantes sobre la capacidad del partido para integrar perfiles independientes y sobre el modelo de liderazgo que impera en la formación posconvergente.