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El jardín dedicado a Isabel II recuerda a las víctimas británicas del 11-S en Nueva York

Un pequeño parque junto a la zona cero alberga la piedra Braemar, extraída del río Dee cerca de Balmoral, como símbolo del vínculo de la familia real británica con las víctimas del atentado de 2001.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OÜ.

Un pequeño jardín en Manhattan mantiene viva la memoria de los ciudadanos británicos y de la Commonwealth que fallecieron en los atentados del 11 de septiembre de 2001. El Queen Elizabeth II September 11th Garden, situado muy cerca del lugar donde se levantaban las Torres Gemelas, reúne desde hace años un conjunto de símbolos sutiles dedicados a las víctimas de aquella jornada, y su elemento más destacado es una piedra Braemar colocada sobre un pedestal.

Las piedras Braemar proceden de una tradición ancestral de los juegos celtas, en la que los competidores lanzaban estos bloques redondeados —cuyo peso oscila entre los 8,6 y los 12,7 kilos— de forma similar al lanzamiento de peso moderno. Sin embargo, la piedra que preside este jardín conmemorativo nunca participó en competición alguna. Fue extraída de un tramo del río Dee, cerca de Balmoral, la residencia real británica en Escocia, y trasladada a Nueva York para ser instalada en este espacio.

El pedestal sobre el que descansa la piedra lleva grabada la inscripción «Nueva York a Aberdeen», junto con la distancia que separa ambos lugares, aunque parte de esa cifra queda oculta por el terreno. Con ese gesto se quiso simbolizar la conexión personal de la familia real británica con este pequeño memorial, erigido en recuerdo de los súbditos del Reino Unido y de los países de la Commonwealth que perdieron la vida en el ataque contra el World Trade Center.

El jardín forma parte del conjunto de memoriales que surgieron en el área metropolitana de Nueva York tras los atentados para honrar a las víctimas. Su ubicación, a escasa distancia de la zona cero, lo convierte en un punto de paso para quienes buscan un espacio de recogimiento distinto a los grandes monumentos oficiales. La presencia de la piedra Braemar añade una capa de significado histórico y cultural, al enlazar el recuerdo del 11-S con una tradición escocesa milenaria y con la simbología de la monarquía británica.

El memorial, bautizado en honor a la reina Isabel II, se ha convertido así en un testimonio silencioso de la dimensión internacional de la tragedia. Más de dos décadas después de los atentados, el jardín sigue siendo un lugar poco conocido para el gran público, pero cargado de intención: cada elemento, desde la piedra hasta la inscripción que señala la distancia con Aberdeen, fue dispuesto para recordar que la pérdida del 11-S también se sintió al otro lado del Atlántico.

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