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El trumpismo se extiende por el mundo con teorías de fraude electoral y deslegitimación del voto

La estrategia de Donald Trump de cuestionar los procesos electorales sin pruebas se replica en Brasil, España y otros países, con casos como el asalto al Capitolio y el ataque al Palacio del Planalto. La deslegitimación del voto por correo y la exigencia de identificación son herramientas clave de este manual.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OÜ.

La forma de hacer política de Donald Trump, basada en cuestionar las reglas y los poderes cuando no se pliegan a sus intereses, está ganando terreno en todo el planeta. Desde América Latina hasta Europa, pasando por Corea del Sur, su manual de deslegitimación electoral se replica con asombrosa similitud. El propio presidente estadounidense publicó recientemente en Truth Social un mensaje en el que elogiaba el recuento de votos en Brasil y, al mismo tiempo, calificaba las elecciones de su país como «corruptas» y «amañadas», a pesar de haberlas ganado.

Esa contradicción no es casual. Trump mantiene viva la carta del fraude para usarla cuando pierde y, además, para restringir los mecanismos que amplían el acceso al voto. Su propuesta Save America Act, estancada en el Senado, busca imponer la identificación con fotografía en las urnas, algo que en Estados Unidos no es obligatorio y que afectaría especialmente a personas de bajos ingresos, quienes pueden carecer de ese documento o enfrentar costos y trámites para obtenerlo. El voto por correo y el voto anticipado también están en el punto de mira, pese a que facilitan la participación de quienes no pueden ausentarse del trabajo un martes, día oficial de los comicios.

El argumento del fraude se usa sin pruebas. El tipo de fraude que podrían prevenir las medidas de identificación —que alguien vote haciéndose pasar por otra persona— es extraordinariamente raro en Estados Unidos, y los estados sin ese requisito verifican la identidad por otros medios. Sin embargo, la narrativa sirve para cuestionar resultados adversos, como ocurrió tras las elecciones de 2020, que culminaron con el asalto al Capitolio en enero de 2021, alentado por Trump. Ya de vuelta en el cargo en enero de 2025, una de sus primeras acciones fue indultar a 1.600 condenados por ese ataque.

La paradoja se agudiza al observar que el sistema electoral brasileño que Trump elogió utiliza urnas electrónicas similares a las que él y sus seguidores MAGA han denostado durante años. Horas después de ese mensaje, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, seguía el mismo guion: «Le pido a todo el mundo que ni se le ocurra votar por correo», declaró, y comparó a Pedro Sánchez con Nicolás Maduro. La deslegitimación del proceso electoral, la deshumanización del adversario y la preparación del terreno para la insurrección si los resultados no favorecen son los pilares de este manual.

Ese camino ya se recorrió en Brasil, donde en enero de 2023 simpatizantes del expresidente Jair Bolsonaro asaltaron el Palacio del Planalto antes de la investidura de Lula da Silva, tras meses de cuestionar el sistema de votación. En España, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, pidió a los carteros antes de las elecciones de julio de 2023 que «custodiaran algo sagrado» y repartieran todos los votos, sugiriendo un posible boicot. Más recientemente, el portavoz del PP en la Asamblea de Madrid, Carlos Díaz-Pache, afirmó que la Ley de Nietos y la regularización masiva están «alterando significativamente los censos electorales» y podrían cambiar artificialmente los resultados.

Los marcos de Trump y del PP son calcados: deslegitimación de los procesos electorales, sombras y sospechas sin una sola prueba que avale esas teorías de la conspiración. La expansión de este estilo político plantea un riesgo para la confianza en las instituciones democráticas en todo el mundo.

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