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El flapjack clásico se reinventa con una versión millonaria de caramelo y chocolate

Una receta actualiza el tradicional flapjack de avena con una capa de caramelo salado y un acabado marmolado de chocolate blanco y negro, una combinación reservada habitualmente para el shortbread.

El flapjack, ese horneado de avena que evoca la repostería más sencilla y reconfortante, ha recibido una transformación que lo eleva a la categoría de capricho. La propuesta añade una capa de caramelo salado y un acabado marmolado de chocolate blanco y negro, una combinación que tradicionalmente se reserva para el shortbread y que ahora se adapta a la base de avena.

La receta, pensada para doce raciones, requiere unos veinte minutos de preparación, al menos dos horas de reposo y veinticinco minutos de horneado. La base combina 150 gramos de mantequilla sin sal, 300 gramos de copos de avena, 140 gramos de azúcar moreno claro, cuatro cucharadas de sirope dorado y una cucharada de sirope de arce opcional, que aporta un dulzor más redondeado. La mezcla se hornea hasta que empiece a dorarse y se deja templar antes de añadir las capas siguientes.

El caramelo se elabora con una lata de leche condensada de 397 gramos, 100 gramos de mantequilla y 100 gramos de azúcar moreno. La cocción a fuego medio durante ocho o diez minutos, removiendo sin parar, transforma los ingredientes en una salsa de caramelo con un tono ligeramente tostado. Este paso, que implica cocinar la mantequilla hasta caramelizarla, es el responsable de un sabor más profundo. Después, la capa se vierte sobre la base de avena y se deja reposar una hora a temperatura ambiente.

Para el acabado, se funden 200 gramos de chocolate negro y, de forma opcional, 50 gramos de chocolate blanco. El chocolate negro cubre el caramelo y el blanco se añade en hilos que se mezclan con un palillo para crear un efecto marmolado. El conjunto reposa entre dos y tres horas si se busca una textura suave, o una hora en frío si se prefiere que el chocolate cruja al cortarlo. Una vez cuajado, se retira del molde con la ayuda del papel de hornear y se corta en cuadrados.

Más allá de la receta, la propuesta incluye una serie de consejos para quienes quieran experimentar. Forrar el molde con papel de hornear facilita desmoldar el horneado y cortarlo con precisión. Añadir una pizca de sal a la masa ayuda a equilibrar el dulzor y hace que el resultado sea más adictivo. El sirope de arce es un extra que redondea el sabor, aunque el sirope dorado funciona igual de bien en solitario.

La base de avena admite personalizaciones: frutos secos tostados, fruta deshidratada o pepitas de chocolate para convertirla en un bocado doblemente chocolatoso. Quien prefiera la versión más clásica puede prescindir del caramelo y del chocolate y quedarse con el flapjack tradicional. El marmolado de chocolate blanco y negro es opcional, pero aporta un acabado vistoso que también se puede lograr con una manga pastelera y un poco de paciencia.

El resultado se conserva en un recipiente hermético hasta cuatro días, lo que lo convierte en una opción práctica para compartir en meriendas o celebraciones informales. La receta demuestra que un clásico humilde puede adoptar un aire más sofisticado sin perder su esencia reconfortante.

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