La Policía Nacional ha señalado a la activista y ex portavoz del GOB Margalida Ramis como la persona que, a través de un megáfono, lanzó el mensaje que desencadenó los graves disturbios registrados el pasado domingo al término de la manifestación contra el turismo en Palma. El atestado policial sitúa el origen del motín en la zona de Dalt Murada, la pasarela del Parc de la Mar y Ses Voltes, donde un grupo de manifestantes se enfrentó a los agentes de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR).
Según la versión de los investigadores, el dispositivo de seguridad tuvo que intervenir para hacer cumplir el límite de aforo previamente acordado entre los organizadores de la protesta y los responsables policiales. El informe detalla que únicamente podían acceder 1.500 personas al recinto de Ses Voltes por razones estrictamente relacionadas con la seguridad. Esa limitación respondía a criterios técnicos destinados a evitar el colapso de los accesos, garantizar una posible evacuación en caso de emergencia y prevenir situaciones de avalancha, de acuerdo con los protocolos previstos para este tipo de concentraciones.
Una vez alcanzado el aforo máximo, los agentes de la UPR procedieron a impedir el acceso de más participantes y fue entonces cuando comenzó el episodio de mayor tensión. La investigación no determina por el momento si Ramis actuó con la intención de provocar esa respuesta o si sus palabras derivaron de forma sobrevenida en los altercados. El atestado recoge que la situación desembocó en enfrentamientos con la Policía, lanzamiento masivo de objetos y cargas policiales para restablecer el orden.
Margalida Ramis ha defendido su actuación y ha negado que pretendiese incitar a los asistentes. «Mi papel era exclusivamente el de mediar con la Policía y contribuir a calmar los ánimos, no el de incitar a ninguna actuación», ha explicado. La activista sostiene que su intervención fue clave para abrir un pasillo que permitiera salir a los agentes de la Policía Nacional, que habían quedado atrapados entre las personas que querían acceder y las que salían de Ses Voltes. «Si no hubiéramos intervenido, la situación podría haber terminado en un auténtico desastre», ha afirmado. Según su relato, cogió el megáfono precisamente para pedir calma y transmitir a los asistentes que interpretaran lo sucedido como un éxito, además de explicar que se haría todo lo posible para leer el manifiesto en el exterior. «Hay más testimonios que acreditan esta versión que gotas de agua en el mar», ha concluido.
Los incidentes han abierto además un frente de críticas internas hacia la Delegación del Gobierno en Baleares. Representantes sindicales y fuentes próximas a la Policía Nacional responsabilizan a la Delegación de haber autorizado que la manifestación terminara en Ses Voltes, un espacio que consideran insuficiente para acoger a miles de manifestantes. Las críticas apuntan directamente al delegado del Gobierno en Baleares, Alfonso Rodríguez, a quien los mandos policiales atribuyen la responsabilidad política de mantener el recorrido previsto pese a las advertencias realizadas durante la planificación del dispositivo de seguridad.
Según esas fuentes, tanto la Policía Nacional como la Policía Local de Palma defendieron desde el principio que la concentración final se celebrara en el Parc de la Mar, un espacio abierto con capacidad para más de 50.000 personas y mayores garantías de evacuación. La organización de la protesta, sin embargo, habría rechazado modificar el itinerario inicialmente previsto.
La investigación sigue abierta para esclarecer la totalidad de los hechos y determinar las eventuales responsabilidades derivadas de los altercados. En los próximos días está previsto que concluya el análisis de toda la documentación y que se proceda a la detención de todos los agresores implicados. La Policía Nacional ha asegurado además que no aceptará ninguna injerencia de la Delegación del Gobierno y que actuará conforme a la ley; en caso contrario, solicitará el amparo de la autoridad judicial.