La pregunta de qué películas recientes fracasaron en taquilla o fueron vapuleadas por la crítica y, aun así, podrían ser reivindicadas en el futuro ha abierto un animado debate entre los aficionados al cine. La conversación parte de un caso concreto: Digger, un filme que algunos espectadores ya describen como el tipo de obra que con los años será vista como un clásico incomprendido. A partir de ahí, el interrogante se amplía a otros títulos que pasaron sin pena ni gloria y que, sin embargo, podrían encontrar una segunda vida.
El ejemplo más citado es Babylon. La película de Damien Chazelle, que en su momento no cumplió las expectativas comerciales, ha ido construyendo un seguimiento fiel que la acerca a ese estatus de culto. Ese proceso de revalorización no es nuevo en la industria, pero sí resulta llamativo cuando ocurre con producciones de gran presupuesto y ambición que fueron recibidas con frialdad.
Entre los títulos que los usuarios señalan como candidatos a esa relectura futura aparece Good Luck, Have Fun, Don't Die. Quienes la defienden sostienen que ganará seguidores a medida que la inteligencia artificial se vuelva más intrusiva en la vida cotidiana, porque su premisa conecta con una inquietud creciente. La película no encontró una audiencia amplia en su estreno, pero sus partidarios creen que el paso del tiempo jugará a su favor.
Otro caso mencionado es Roofman, descrita por uno de los participantes como una de sus películas favoritas del último año. A pesar de la valoración personal, el filme no recibió demasiada atención y, para este espectador, merecía mucho más. Su pronóstico es que en el futuro habrá quien se pregunte por qué pasó desapercibida. Algo similar ocurre con I Love Boosters, una propuesta que tampoco logró captar miradas masivas pero que es recordada como divertida y creativa.
El caso de Better Man es distinto. En su estreno, el público general la consideró extraña y sin sentido, en parte por su premisa poco convencional. Sin embargo, cada vez más personas están descubriendo que, más allá de esa rareza inicial, la película está muy bien hecha. Ese giro en la percepción es precisamente el fenómeno que el debate intenta identificar: obras que necesitan tiempo y distancia para ser apreciadas.
No todas las candidatas aspiran a una reivindicación artística. Megalopolis, por ejemplo, es mencionada con escepticismo: quien plantea el debate no cree que llegue a ser considerada una buena película, pero sí anticipa que se convertirá en un fenómeno de culto por lo malo, ese tipo de título que se disfruta precisamente por sus excesos. La línea entre el fracaso y el objeto de culto es, en ocasiones, más difusa de lo que parece.
El fenómeno de la revalorización tardía tiene que ver con cómo cambian las expectativas del público, con el paso del tiempo y con la posibilidad de redescubrir una obra fuera del ruido de su estreno. Películas que en su momento fueron ignoradas pueden encontrar una comunidad fiel años después, ya sea por streaming, por recomendaciones o por un cambio en el gusto colectivo. La lista de candidatas sigue abierta y depende, en gran medida, de que alguien vuelva a mirarlas con otros ojos.