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La expansión de la IA cambia el uso de la tierra en Kentucky

Mason County reclasificó 2.080 acres para un centro de datos, mientras una familia mantuvo 534 acres tras rechazar ofertas superiores a 26 millones de dólares.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OU.

La transformación que impulsa la inteligencia artificial no ocurre solo en laboratorios y aplicaciones. En Mason County, Kentucky, está cambiando el mapa del suelo rural.

El contraste más visible lo protagonizan Ida Huddleston, de 82 años, y su hija Delsia Bare. Un comprador vinculado a un gran centro de datos les ofreció más de 26 millones de dólares por 534 acres. Huddleston podía recibir 60.000 dólares por acre por 71 acres; Bare, 48.000 por acre por 463. Las dos rechazaron finalmente la operación.

La palabra “finalmente” explica parte del cambio. PEOPLE relata que primero firmaron un contrato por miedo a una eventual expropiación. La familia ya había sufrido pérdida de terreno por proyectos públicos. Después de consultar a un abogado y entender que un promotor privado no podía obligarlas sin más a vender, decidieron retirarse.

Lo que permaneció fue una visión distinta de la tierra. La finca familiar más amplia tiene alrededor de 1.200 acres y algunas partes llevan más de 200 años asociadas a la familia. Se cría ganado y la historia familiar incluye cultivo de trigo durante la Gran Depresión. El marido fallecido de Bare está enterrado allí.

Mientras ellas elegían continuidad, el condado elegía transformación industrial. El 22 de mayo, Mason County aprobó cambiar la clasificación de 28 propiedades que suman aproximadamente 2.080 acres a uso industrial rural. El centro de datos puede por tanto rediseñarse sin los 534 acres de la familia.

Las autoridades ven una oportunidad económica. Han hablado de unos 400 empleos permanentes y más de 1.500 trabajos de construcción. También afirman que el desarrollador pagará carreteras y las conexiones de agua, alcantarillado y electricidad necesarias. La empresa tecnológica final, sin embargo, seguía sin ser pública en julio.

Los vecinos opositores señalan otro tipo de cambio: menos suelo agrícola, más infraestructura y nuevas demandas de energía y posiblemente agua. Huddleston lo resume diciendo que de un centro de datos no se obtiene comida. En lo ambiental conviene mantener la precisión: esas son preocupaciones de la familia, no impactos ya probados de una instalación que aún no funciona.

A escala nacional, la demanda energética sí muestra una tendencia fuerte. Lawrence Berkeley National Laboratory calcula que los centros de datos podrían representar entre el 9,5% y el 15,3% de toda la electricidad consumida en Estados Unidos en 2030. El escenario de referencia es 11,8%. Esa presión ayuda a explicar por qué las empresas buscan grandes superficies con acceso a redes y energía.

El agua depende más del diseño. El Department of Energy señala que las torres de refrigeración consumen agua por evaporación, mientras otras estrategias pueden reducir esa necesidad. El impacto concreto de Mason County exigirá datos del proyecto real.

We Are Mason County ha recurrido la tramitación judicialmente. Así que la transformación no está cerrada: el suelo ya fue reclasificado, pero la empresa todavía debe tomar su decisión definitiva y los tribunales pueden influir en el proceso.

La negativa de 26 millones es la parte humana más llamativa. El cambio estructural está detrás: tierras agrícolas convertidas en capacidad potencial para la economía digital. Dos generaciones de una familia decidieron no participar en esa conversión, aunque el resto del territorio a su alrededor ya se mueve en esa dirección.

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