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La New York Fashion Week apuesta por el color y el brillo frente al minimalismo

Las propuestas para la Primavera Verano 2027 en Nueva York marcan un giro hacia los tonos vivos, el sparkle y las siluetas atrevidas, con Luar como uno de los desfiles más comentados de la jornada.

La New York Fashion Week ha dejado claro que el minimalismo pasa a un segundo plano. Las colecciones presentadas para la temporada Primavera Verano 2027 apuestan por colores encendidos, el regreso del brillo y una estética que invita a arriesgar, según las propuestas vistas en la pasarela neoyorquina.

Entre los desfiles que han generado más conversación está el de Luar, firma del diseñador Raul Lopez, que reunió a más de doscientas personas en el Queens Museum, en Corona, a una hora de trayecto en tren desde Manhattan. La ubicación no fue casual: el recinto alberga la Unisphere, un globo terráqueo de 350 toneladas y 120 pies de diámetro que sirvió como escenario central de la puesta en escena.

La inspiración de la colección se movió entre dos referencias llamadas Christopher. Por un lado, Christopher Street, la calle neoyorquina donde Lopez creció y que describió como un espacio de colisión entre la vida nocturna y la soledad, la herencia queer y la supervivencia callejera, el código de masculinidad de los primeros años dos mil, el exceso y la reinvención. Por otro, Christopher Columbus, no como mito sino como fractura, según las notas del desfile, que señalaron que sus viajes representan un acto global de nombrar y reclamar, de reescribir tierras, cuerpos y orígenes mediante un lenguaje impuesto.

El conjunto exploró la tensión entre esos dos legados, resumida en las notas como «la calle y el imperio». La propuesta arrancó con piezas de sastrería en tonos neutros y guiños a la moda de los siglos XV y XVI, como bombachos, dobladillos con volantes y sombreros emplumados. Después, la línea viró hacia lo contemporáneo con colores más vivos, estampados audaces y formas poco convencionales. Las notas del desfile plantearon preguntas como qué ocurre cuando las prendas de la modernidad temprana se cruzan con la lógica del streetwear neoyorquino de los primeros años dos mil, o qué sucede cuando la identidad se niega a permanecer dentro de las fronteras que le fueron asignadas.

El resultado, sin embargo, generó dudas sobre el mensaje. La colección dejó una impresión confusa acerca de si las prendas buscaban comentar el rechazo al colonialismo en favor de la autorrealización, o si se trataba de una reclamación entendida como «una negativa a ser singular», en palabras de las notas. También quedó abierta la pregunta de si la propuesta rompía con códigos como moda y calle, lujo y supervivencia, visibilidad y borrado, o simplemente se adaptaba a ellos. Aunque la construcción de las piezas fue elogiada, con vestidos destacados, la narrativa del desfile quedó difusa. El diseñador declinó ofrecer entrevistas, lo que limitó la posibilidad de profundizar más allá de lo expuesto en las notas.

El desfile de Luar se suma así a una temporada neoyorquina que, en su conjunto, parece empeñada en dejar atrás la sobriedad. Los tonos apagados y las líneas limpias ceden terreno ante el color, el brillo y las siluetas que buscan llamar la atención. Para el público que sigue las tendencias, la cita de Nueva York deja imágenes para guardar como inspiración y confirma un cambio de ánimo en la pasarela: después de varias temporadas de contención, la moda vuelve a pedir presencia y contraste.

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