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Ucrania transforma una tumba del exilio en un memorial de Estado

Los restos de Yevhen Konovalets deben salir de Rotterdam rumbo al Cementerio Militar Conmemorativo Nacional. El traslado muestra cómo Kyiv está centralizando la memoria de figuras históricas enterradas por Europa.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OU.

Durante 88 años, la tumba de Yevhen Konovalets en el cementerio de Crooswijk, en Rotterdam, fue uno de los puntos europeos de la memoria política ucraniana. El 11 de agosto circuló la información de que sus restos habían sido exhumados para ser trasladados a Ucrania. A primera hora de la tarde-noche no había un comunicado oficial independiente que confirmara la finalización de esa operación concreta, pero el proceso de repatriación está formalmente aprobado y lleva meses en marcha.

El Gobierno ucraniano adoptó el 15 de julio la orden n.º 703-r, que dispone el entierro de Konovalets en el Cementerio Militar Conmemorativo Nacional con honores militares. El Ministerio de Exteriores debe gestionar los permisos neerlandeses y el transporte internacional, mientras otras instituciones preparan actos conmemorativos en la frontera, en Kyiv y en el propio cementerio.

El cambio más importante no es solo geográfico. Una tumba mantenida durante generaciones por la diáspora pasa a integrarse en un sistema estatal de memoria. Crooswijk representaba una época en la que buena parte de la política ucraniana se desarrollaba fuera del país porque no existía un Estado ucraniano independiente capaz de acoger a sus dirigentes.

Konovalets había sido coronel del Ejército de la República Popular Ucraniana. Tras el fracaso de aquel proyecto estatal, continuó su actividad política en Europa y en 1929 se convirtió en el primer jefe de la Organización de Nacionalistas Ucranianos. Permaneció al frente de la OUN hasta su muerte.

Esa muerte ocurrió en Rotterdam el 23 de mayo de 1938. El Servicio de Inteligencia Exterior de Ucrania ha publicado documentos de archivo que identifican al oficial del NKVD Pavlo Sudoplatov como ejecutor del atentado y sostienen que actuó siguiendo instrucciones de Stalin. Después del asesinato, Konovalets fue enterrado en Crooswijk.

La ubicación de la tumba acabó formando parte de la identidad de la diáspora ucraniana en los Países Bajos. Allí se celebraban homenajes, se colocaban banderas y flores y se transmitía una memoria que durante la etapa soviética no podía ocupar un espacio oficial equivalente en Ucrania.

En 2026 el modelo está cambiando. En mayo, Ucrania repatrió desde Luxemburgo los restos de Andriy Melnyk y de su esposa Sofia Fedak-Melnyk y los enterró en el mismo Cementerio Militar Conmemorativo Nacional. Durante ese proceso, las autoridades ucranianas anunciaron que Konovalets sería uno de los siguientes.

Rotterdam confirmó además que la embajada ucraniana había solicitado formalmente la transferencia de los restos. De este modo, la memoria se mueve a través de una infraestructura contemporánea de diplomacia, permisos municipales, transporte internacional y protocolo militar.

El resultado es una transformación del significado de estos enterramientos. Lo que antes era una red dispersa de tumbas del exilio empieza a convertirse en un espacio centralizado en Ucrania. El nuevo cementerio conecta a figuras del movimiento independentista del siglo XX con la memoria de los soldados que han defendido al país en la guerra actual.

Ese cambio no elimina los debates sobre la historia de la OUN ni sobre las distintas tradiciones del nacionalismo ucraniano. Sí muestra una decisión clara del Estado sobre quién ocupa un lugar en su narrativa oficial de independencia.

Falta conocer la fecha final del traslado y del entierro. Cuando se anuncie, el viaje de Rotterdam a Ucrania completará una transformación que es física, pero también institucional: de una memoria sostenida por la diáspora a una memoria administrada por el Estado.

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