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La deuda de EE UU cambia de escala y el cero queda en 1835

La deuda federal se acerca a 40 billones de dólares mientras el CBO proyecta déficits persistentes. El cambio relevante no es haber abandonado el cero, sino el crecimiento del coste y del peso de la deuda sobre la economía.

США подошли к $40 трлн долга: что известно точно

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Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OU.

La deuda de Estados Unidos está entrando en otra escala simbólica. El último dato diario disponible del Joint Economic Committee del Congreso marca 39,588 billones de dólares el 20 de julio de 2026. La cifra de 40 billones aún no aparece en ese registro oficial, aunque el umbral está cada vez más cerca.

La actualización de julio calculaba que, si se mantuviera el ritmo medio de crecimiento de los tres años anteriores, los 40 billones podrían alcanzarse aproximadamente el 8 o 9 de octubre. La fecha real puede moverse porque el endeudamiento no aumenta de forma lineal: impuestos, pagos, vencimientos y subastas producen cambios diarios.

También está cambiando el peso económico de la deuda. Del total del 20 de julio, unos 31,818 billones eran deuda en manos del público y 7,771 billones tenencias intragubernamentales. El primer bloque conecta directamente la política fiscal estadounidense con los mercados de capitales.

El Tesoro gestiona esa deuda con emisiones y refinanciación continuas. Las letras, notas y bonos vencen en fechas distintas; el Estado paga los títulos que vencen y vende otros nuevos. Por eso, el objetivo operativo no consiste en reunir decenas de billones para cancelar todo el saldo en una sola jornada.

El problema es la dirección. El CBO espera un déficit federal de 1,9 billones de dólares en 2026 y de 3,1 billones en 2036. Bajo la legislación vigente, la deuda en manos del público pasa del 101% del PIB en 2026 al 120% en 2036. En la proyección de largo plazo llega al 175% del PIB en 2056.

El GAO describe la senda como insostenible. En 2025, el gasto neto federal en intereses ya superó el gasto en defensa nacional. La transformación es importante: los intereses dejan de ser un coste secundario y se convierten en una de las grandes restricciones del presupuesto.

En el extremo contrario aparece 1835. Andrew Jackson asumió la presidencia en 1829 con una deuda de algo más de 58 millones de dólares y persiguió su eliminación. Seis años después, Estados Unidos llegó a cero. El Tesoro señala que fue la primera y única vez que la deuda nacional quedó completamente extinguida.

Ese episodio suele convertirse en argumento político, pero la economía cambió radicalmente. Los Treasuries son hoy instrumentos centrales para bancos, fondos, reservas internacionales y mercados de financiación. La presencia de deuda no implica por sí sola una crisis, y la ausencia de deuda tampoco es el único indicador posible de disciplina fiscal.

La afirmación de que los economistas consideran imposible volver a cero para siempre también confunde una tendencia con una certeza. El CBO advierte de que sus proyecciones son inciertas y dependen de las leyes. En 2000, el Tesoro llegó a considerar un escenario en el que la deuda en manos del público podría desaparecer, una expectativa que después cambió con la política y la economía.

La evolución decisiva, por tanto, no es pasar de la nostalgia del cero a un número gigantesco. Es el cambio en la relación entre deuda, PIB, déficit e intereses. Si esa relación sigue deteriorándose, cada nueva década dejará menos margen para decidir el siguiente presupuesto.

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