La transformación digital de la frontera europea ya se mide en minutos de espera. Los datos de Qsensor publicados por Financial Times muestran que el tiempo máximo en el control de pasaportes de Francfort llegó a 120 minutos en julio, frente a 60 minutos un año antes. Múnich pasó de 31 a 60 minutos y Ámsterdam de 80 a 120. Son picos, no promedios diarios, pero revelan dónde el nuevo sistema encuentra su límite operativo.
El cambio se llama Entry/Exit System, o EES. Desde el 10 de abril funciona plenamente en 29 países europeos y sustituye el sello manual del pasaporte por un registro electrónico de entradas y salidas de nacionales de terceros países que realizan estancias cortas. La idea es controlar mejor el tiempo autorizado de permanencia y reducir el uso de identidades o documentos falsos.
La primera inscripción es el punto más lento. Un viajero exento de visado registra sus datos personales, una imagen facial y cuatro huellas dactilares. Quien entra con un visado de corta duración ya tiene las huellas en el Visa Information System, por lo que el EES conserva la imagen del rostro. Los titulares de permisos de residencia y visados de larga duración están entre las excepciones.
En los siguientes cruces, la biometría ya está almacenada y normalmente solo se verifica. La Comisión Europea calcula que una inscripción tarda unos 70 segundos de media. El problema aparece cuando cientos de pasajeros llegan a la vez. Un minuto adicional por persona puede saturar una sala si el número de quioscos, puertas automáticas y agentes no crece al mismo ritmo.
La industria lleva meses advirtiéndolo. ACI Europe afirmó en julio que algunos aeropuertos habían registrado esperas de hasta cinco horas en momentos punta, con conexiones perdidas y efectos sobre las operaciones de aerolíneas y terminales. Schiphol ha instalado 161 quioscos de autoservicio EES y más personal de asistencia. Fraport, operador de Francfort, ya pidió a los viajeros que reservaran más tiempo para el control fronterizo durante el verano.
España forma parte de los países que utilizan EES. Para los ciudadanos españoles y otros nacionales de la UE el registro no se aplica, pero sí afecta a turistas, familiares y viajeros de negocios procedentes de países no comunitarios. También puede repercutir en la puntualidad general de un aeropuerto cuando las colas bloquean llegadas o hacen que pasajeros de conexión no alcancen el siguiente vuelo.
El sistema refleja una transformación más amplia: Europa ha ganado un registro fronterizo centralizado, pero ahora necesita adaptar la infraestructura física al volumen de datos que exige recoger. No basta con una base digital; hacen falta cámaras, escáneres, redes estables, agentes y espacio para que la cola no invada el resto de la terminal.
La siguiente fase depende de una decisión regulatoria. Financial Times informa de que varios países y Suiza quieren prolongar más allá de septiembre la flexibilidad que permite relajar temporalmente determinados controles biométricos cuando la situación se vuelve inmanejable. Si esa válvula continúa, EES podrá ajustarse a los picos. Si desaparece, los aeropuertos tendrán que absorber toda la carga mediante más capacidad permanente.
Para el viajero no comunitario, la conclusión práctica es que el primer cruce con EES necesita más margen que antes. Para Europa, el reto de fondo es convertir una frontera más inteligente en una frontera que también sea capaz de procesar a la gente a la velocidad que exige una red aérea moderna.