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La estatua de John Ford en Portland, el homenaje tardío al director que «solo hacía westerns»

La ciudad de Portland, en Maine, dedicó en 1998 una estatua al cineasta John Ford, nacido allí, tras décadas de olvido. La obra, situada en Gorham's Corner, recuerda al ganador de cuatro Oscar con su pipa, su sombrero y su silla de director.

John Ford Statue in Portland, Maine
La estatua de John Ford en Portland, el homenaje tardío al director que «solo hacía westerns»
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John Ford solía decir que su oficio era hacer westerns. Quienes conocían su filmografía preferían definirlo de otra manera: como uno de los primeros autores del cine de Hollywood, capaz de convertir el género en un espejo crítico de la propia América. Once de sus películas forman parte del Registro Nacional de Cine de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, un récord que comparte con Howard Hawks, y su carrera le valió cuatro premios Oscar al mejor director, la Medalla Presidencial de la Libertad y el primer premio honorífico del American Film Institute. Sin embargo, el hombre que llevó a la pantalla los desiertos del lejano Oeste no nació bajo el sol de Arizona, sino en la costa de Maine.

Ford, cuyo nombre real era John Feeney, vino al mundo en Cape Elizabeth a finales del siglo XIX y creció en Portland, concretamente en Gorham's Corner, un barrio de fuerte tradición irlandesa donde su padre regentaba una tienda. Tras graduarse en el instituto de Portland en 1914, se trasladó a California con el sueño de dirigir películas. Lo que vino después fue, sin exageración, una carrera legendaria que presentó al mundo a John Wayne como arquetipo del héroe vaquero y que al mismo tiempo diseccionó las convenciones del género de forma revolucionaria. A pesar de ese éxito, su relación con la ciudad que lo vio crecer nunca fue del todo cálida. «Amo Portland, pero no sé si ellos me quieren», confesó en cierta ocasión a un amigo.

Esa sensación tenía fundamento. Tras su muerte en 1973, Portland no instaló ni una placa en recuerdo del cineasta. Hubo que esperar casi dos décadas para que algo cambiara. Fue Linda Noe Laine, filántropa y amiga de Ford, quien al visitar la ciudad se sorprendió al comprobar que no existía ningún homenaje al director. Laine obtuvo permiso del ayuntamiento para costear una estatua y eligió como emplazamiento el mismo Gorham's Corner donde Ford había pasado su infancia. La obra se dedicó en 1998 y desde entonces consagra al cineasta como uno de los hijos más queridos de Portland.

La escultura, firmada por el artista George Kelly, retrata a Ford con sus compañeros más fieles: una pipa, un sombrero de ala ancha y una silla de director. La figura emerge de un montículo de piedras irregulares, como si los acantilados de Nueva Inglaterra y los desiertos del suroeste se hubieran fundido en una sola imagen. Alrededor de la base, unas piedras conmemoran cada uno de los Oscar que Ford ganó a lo largo de su carrera. El director, además, mira hacia el lugar donde una vez estuvo el negocio de su padre.

El conjunto se completa con una inscripción que resume a la perfección la humildad del cineasta. En la base puede leerse: «John Ford — Director — “Hago westerns”». Una frase sencilla para un hombre que, según los estudiosos, transformó el arte del cine mucho más allá de los límites del género que él mismo decía practicar.

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