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El BCE mantiene los tipos en el 2,25 % ante la incertidumbre por el conflicto en Oriente Medio

El Banco Central Europeo ha decidido mantener los tipos de interés en el 2,25 % en medio de la incertidumbre generada por la guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, que ha disparado el precio de los combustibles. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha señalado que la decisión fue unánime, aunque algunos miembros del Consejo de Gobierno plantearon la necesidad de una subida.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OU.

El Banco Central Europeo (BCE) ha decidido este jueves mantener los tipos de interés en el 2,25 %, resistiendo las presiones de los miembros más duros de su Consejo de Gobierno, que abogaban por un nuevo incremento ante la reanudación de la guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz. Este conflicto ha vuelto a disparar el precio de los combustibles, elevando la cotización del barril de Brent hasta cerca de los 100 dólares durante la rueda de prensa de la presidenta del BCE, Christine Lagarde.

Lagarde ha admitido que la decisión fue tomada por unanimidad, aunque ha reconocido que «algunos miembros del Consejo de Gobierno se preguntaron si era necesaria una subida de los tipos de interés». La presidenta ha ofrecido una visión general de la economía, señalando que «la inflación reciente apunta a cierta mejora en el segundo trimestre» y que «la actividad en los servicios se ha recuperado parcialmente». Además, ha destacado que «un mayor gasto en defensa está respaldando la industria manufacturera», aunque ha matizado que «el crecimiento seguirá siendo moderado a corto plazo».

Preguntada sobre si el escenario más benigno previsto por los técnicos del BCE sigue siendo sostenible, Lagarde ha respondido que «se han producido cambios bruscos en cuestión de días, no solo en la intensidad del conflicto, sino también en sus consecuencias sobre los precios de la energía». Durante el foro anual de bancos centrales celebrado en Sintra a principios de julio, la percepción del riesgo para la inflación y el crecimiento estaba «equilibrada», pero con la reanudación del conflicto en Oriente Medio, «los riesgos para las perspectivas de inflación siguen sesgados al alza, mientras que los indicadores adelantados apuntan a que el crecimiento económico seguirá siendo moderado a corto plazo, lastrado por el shock energético y la incertidumbre asociada».

La institución monetaria ha emitido un comunicado en el que señala que «las perspectivas para los precios de la energía, aunque siguen siendo muy volátiles», y que «la incertidumbre sigue siendo elevada y aún no se ha materializado plenamente todo el impacto inflacionista del shock energético». El BCE añade que «sigue estando bien posicionado para afrontar la incertidumbre provocada por el conflicto» con el objetivo de «garantizar que la inflación se estabilice en su objetivo del 2 % a medio plazo».

Tras la subida de un cuarto de punto en la pasada reunión, los analistas del mercado habían previsto un periodo sin más incrementos hasta al menos el mes de septiembre, cuando se esperaba tener más información económica sobre las consecuencias del conflicto entre Estados Unidos e Irán. El alto el fuego alcanzado tras la reunión del BCE de junio había alimentado las esperanzas de que lo peor de la crisis hubiera quedado atrás. De hecho, la inflación se relajó más de lo esperado en junio, con una desaceleración hasta el 2,8 %, y los indicadores de la marcha de la economía parecen mejores de lo previsto.

Ahora el debate que se abre en el mercado es si será necesaria una subida de tipos o dos en lo que queda de año a partir del otoño. David Zahn, responsable de renta fija europea de Franklin Templeton, apunta que «el escenario central sigue contemplando una última subida de tipos en septiembre, ya que prevemos que la inflación se mantenga por encima del objetivo del 2 % del BCE durante los próximos trimestres. A partir de ahí, el Consejo de Gobierno probablemente hará una pausa para evaluar el impacto del endurecimiento monetario ya aplicado».

La zona euro sigue sufriendo una situación económica débil. La institución monetaria presentó en la pasada reunión nuevas previsiones económicas en las que apuntan a una rebaja del crecimiento económico medio al 0,8 % en 2026, del 1,2 % en 2027 y del 1,5 % en 2028, «reflejando un impacto más pronunciado de la guerra sobre los mercados de materias primas, las rentas reales y la confianza». Estas proyecciones están en línea con las caídas presentadas por la Comisión Europea, que rebajó en tres décimas las previsiones económicas para la zona euro, hasta un 1,1 % en 2026, mientras que la OCDE apuntó que la eurozona crecerá apenas un 0,8 % este año, acuciada por el «deterioro de la confianza».

Roman Ziruk, analista sénior de mercados de Ebury, advierte de que «un periodo prolongado de precios de la energía elevados y de mayor incertidumbre exige cautela. Unos precios del petróleo más altos representan una auténtica espada de doble filo para la zona euro: aunque una nueva escalada mantendría vivo el argumento a favor de nuevas subidas de tipos para contener la inflación, también podría frenar aún más el crecimiento económico». Lagarde también ha tratado de cerrar la polémica sobre su posible salida anticipada ante los rumores de que podría ser candidata a las elecciones en Francia. La presidenta del BCE ha puntualizado que este tema no se ha debatido en el Consejo de Gobierno y ha zanjado: «No van a dejar de verme antes de 2027. Cuando hay nubes en el horizonte, el capitán permanece en el barco».

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