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La adhesión de Ucrania cambia de fase y Polonia introduce la memoria de Volinia

Ucrania ya negocia capítulos concretos con la UE. Czarzasty quiere que el siguiente cambio no sea solo institucional, sino también histórico, con una aceptación de la interpretación polaca de Volinia.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OU.

La candidatura de Ucrania a la Unión Europea está cambiando de naturaleza. Durante años fue una promesa estratégica; en 2026 es un proceso con bloques de negociación abiertos, reformas concretas y decisiones que requieren el acuerdo político de los Estados miembros. En ese nuevo escenario, Polonia ha elevado la cuestión de Volinia.

El 10 de agosto, el presidente del Sejm, Włodzimierz Czarzasty, declaró tras reunirse con Ruslan Stefanchuk que la entrada de Ucrania en la UE deberá incluir una reconsideración de su historia y el reconocimiento de lo que Polonia califica como genocidio contra los polacos en Volinia.

Czarzasty no cambió de bando sobre la ampliación. Dijo que sigue apoyando la adhesión de Ucrania. Su propuesta es transformar el proceso: que la integración no se limite a adoptar normas, sino que obligue también a afrontar un conflicto de memoria que Polonia considera todavía sin resolver.

Desde el punto de vista formal, la UE no ha creado un requisito nuevo. Los criterios de adhesión siguen siendo políticos, jurídicos y económicos. Ucrania abrió el bloque de fundamentos en junio y el de relaciones exteriores en julio, de modo que dos de los seis grandes grupos estaban ya en marcha a mediados de mes.

La transformación política aparece porque la adhesión necesita unanimidad. A medida que Ucrania avance técnicamente, las preferencias nacionales de cada Estado miembro ganarán importancia. Polonia puede utilizar ese momento para pedir avances en un asunto bilateral sin que la Comisión tenga que convertirlo en un criterio europeo general.

La política polaca ya ha cambiado en este terreno. El 17 de julio, el Sejm aprobó por unanimidad una resolución que utiliza el término genocidio para los crímenes de nacionalistas ucranianos contra población polaca. El voto fue 441 a cero. Otra iniciativa parlamentaria propuso directamente oponerse a la adhesión por la glorificación de responsables de Volinia.

Al mismo tiempo, la relación no se ha convertido en bloqueo. En febrero, Czarzasty y Stefanchuk firmaron una declaración de apoyo a la entrada de Ucrania en la UE. En junio, el presidente del Sejm dijo que ese objetivo era un interés vital para Polonia. La nueva etapa consiste en hacer más explícito el vínculo entre apoyo y condiciones políticas.

Ucrania también está modificando su enfoque práctico. Este verano, el Instituto de la Memoria Nacional anunció trabajos de investigación y exhumación en Ostrivky y Volia Ostrovetska. Esa evolución importa porque desplaza parte del debate desde los símbolos hacia una tarea verificable: localizar restos, establecer lugares de enterramiento y permitir sepulturas dignas.

La transformación más difícil será social. Czarzasty advirtió que la confianza entre polacos y ucranianos se ha deteriorado y condenó los malos comportamientos de ambos lados. Si el conflicto sobre la historia se traduce en hostilidad contra comunidades actuales, cualquier acuerdo institucional será más difícil de sostener.

Por eso, el proceso europeo puede convertirse en una oportunidad o en un amplificador del conflicto. Puede ofrecer incentivos para cerrar cuestiones pendientes mediante archivos, exhumaciones, memoriales y acuerdos políticos. O puede convertir cada votación europea en una nueva amenaza bilateral.

La diferencia dependerá de cómo se utilice el poder de veto. Si Varsovia define objetivos concretos y alcanzables, la presión puede producir avances. Si las condiciones se vuelven abiertas o cambian con la política interna, Kyiv puede percibirlas como un mecanismo permanente de bloqueo.

Ucrania, por su parte, tendrá que entender que la adhesión es una transformación no solo de leyes sino de relaciones. Entrar en la UE significa construir confianza con Estados que tienen su propia memoria y su propio electorado.

La declaración de Czarzasty señala, por tanto, una nueva fase: la historia de 1943–44 se está integrando en la política europea de 2026. El desafío será conseguir que esa integración produzca reconciliación y no una frontera adicional dentro del camino hacia una Europa más amplia.

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